En Rusia tuvimos un campeón

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A lo largo de su larguísimo periplo recibió el apoyo y la admiración de muchísima gente.

Lucas Ledezma recorrió en seis meses más de 14 mil kilómetros, 21 países y tres continentes en bicicleta para ir al Mundial a alentar a la selección argentina, y con un noble objetivo: construir una escuela para chicos con capacidades diferentes. En Moscú le contó a Revista Nordelta su increíble experiencia.

Un día de octubre de 2017, la selección argentina de fútbol jugaba contra la de Ecuador, en Quito, y se jugaba el pase a Rusia 2018. Mientras gol a gol Messi iba sellando la clasificación, en Córdoba y desde un sillón, un hincha argentino se agarraba la cabeza. No porque quisiera que el equipo argentino quedara afuera del Mundial, sino porque él debía cumplir su promesa de llegar a las lejanas tierras de los cosacos en bicicleta. Con tres antecedentes similares (la Copa del Mundo Brasil 2014, la Copa América Chile 2015 y los Juegos Olímpicos Río 2016), Lucas Ledezma, un cordobés de 30 años, estaba así frente al reto más grande de su historia: atravesar medio mundo, incluyendo océanos y tres continentes, a bordo de su mountain bike.

Profesor de Educación Física en Toledo, la localidad cordobesa donde vive, y coordinador de deportes en la municipalidad de ese lugar, preparó a su compañera de ruta y la cargó con 75 kilos: cinco alforjas (dos en la parrilla delantera y tres en la de atrás), una hielera con la comida del día, una carpa, bolsa de dormir, utensilios de higiene personal, equipo de cocina, herramientas, repuestos para la bicicleta, un botiquín y todo lo necesario para poder sobrevivir. Además de los 25 kilos de la bicicleta la que debió cargar sus 80 kilos: un total de 180 kilos sobre dos ruedas.

Lucas Ledezma recorrió 14200 kilómetros en 5 meses en bici desde que partió el 5 de enero desde el estadio Mario Kempes de Córdoba hasta llegar a la Plaza Roja en Moscú el 8 de junio.

Todo a pedal

Así llegó el día de partir.  Sin un itinerario fijo, Lucas comenzó su aventura. Se despidió de su hija de siete años, familiares y amigos, y con la camisera celeste y blanca en el pecho y la bandera argentina flameando, desde el mítico estadio Mario Alberto Kempes (una de las sedes del Mundial ´78), este hincha de Talleres comenzó a pedalear, y así encaró cada día durante más de seis meses: Norte argentino, Chile, Perú, Ecuador, Colombia, Panamá, Costa Rica, Nicaragua, Honduras, El Salvador, Guatemala, Belice y México. Desde ahí voló a Barcelona, y luego siguieron Francia, Bélgica, Holanda, Alemania, Polonia, Lituania, Letonia y… Rusia. Nada lo detuvo. Es más, hasta superó sus propias expectativas, haciendo más de 120 kilómetros diarios. “Siempre traté de hacer la máxima cantidad de kilómetros diarios, para llegar lo más rápido posible”, cuenta.

Y tuvo que atravesar situaciones difíciles. Como los 4800 metros sobre el nivel del mar que hay cerca del paso de Jama, entre Chile y Argentina, en plena puna, con temperaturas de 15 grados bajo cero a la noche y vientos muy fuertes y un sol indolente durante el día. O como cuando llegó a Belice, el país centroamericano, donde sintió la hostilidad de estar en una tierra sin identidad: “Fue extraño, no feo, pero tuve la sensación de estar en un país vacío. Hablan tres idiomas, mezclan el inglés con el español
fue algo raro”, expresa. Sin embargo, no significa que no haya sido un buen viaje. Por ejemplo, en Colombia recibió mucho apoyo y el calor de la gente, que fue muy solidaria con él, le brindó hospedaje y lo invitaron a comer. Y, del otro lado del gran charco, en Polonia, también lo sorprendieron: “Más allá del idioma y de la dificultad de la comunicación, todos fueron muy abiertos”, destaca.

Amante del fútbol, y apasionado por los deportes, la aventura y los viajes, Lucas considera que la bicicleta es la mejor forma de conocer el mundo realmente y “más completo que cualquier medio de transporte, porque vivís cosas únicas”. Aunque hay que estar preparado anímicamente para afrontar lo inesperado. Como los conflictos internos, que le hicieron pensar a Lucas en abandonar la misión: “Tuve varios bajones anímicos, como extrañar mucho a mi hija, a mi gente, amigos y familia; y momentos duros físicamente, en los que el cuerpo no me respondía bien, con fatiga física y mental”, comparte.

— ¿Cómo superaste esos momentos?

— Cuando el objetivo es tan claro, uno sabe adónde quiere llegar y para dónde tiene que ir, tratando que esos sentimientos no lo lleguen a frustrar ni a hacerlo bajar los brazos. Siempre traté de motivarme mucho y pensar que mi gente querida, mis amigos, mi familia y todos hacían mucha fuerza para que yo pudiera lograrlo.

Rusia a la vista, pintada de celeste y blanco

Ya en suelo moscovita, esos males quedaron atrás. Unos 30 mil compatriotas teñían las calles y estadios con los colores argentinos: “Quedé sorprendido por la cantidad de argentinos que viajaron. El nuestro era uno de los países más lejanos de los que participaron, y fuimos los que más hinchas convocamos. Fue grandioso, inexplicable. Ahí dimensioné la gran pasión que tiene el argentino por su Selección”. Lucas pudo entrar a todos los partidos de Argentina. Y aunque no se fue muy contento con el equipo en general, porque “le faltó fútbol”, le gustó mucho que el Mundial se haya desarrollado en Rusia: “Fue una experiencia única y fue romper un poco los preconceptos sobre Rusia, de lo que uno conoce solo por escuchar. Me pareció un país increíble, donde me atendieron de la mejor manera. Fue todo muy lindo”, dice.

—¿Qué tal es la sensación de andar en bici por el mundo?

— Única, porque percibís todo de una manera distinta, tanto el clima como los olores, los lugares por los que pasás, el contacto con las personas continuamente… Es la mejor manera de viajar, no la cambiaría por nada. Voy a seguir viajando así, mi idea es poder recorrer el mundo entero.

Vale la pena mirar en Facebook (todoapedal) el video que grabó él mismo cuando le faltaban cien metros para lograr el objetivo: entrar a la famosa Plaza Roja de Moscú. Lucas intenta contener las lágrimas, pero semejante proeza cumplida se lo impidió… En estado de gracia absoluta, explota de emoción. Y todos quedamos con los ojos inundados.

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