lunes, marzo 16, 2026
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La palabra que crea, revela y compromete


Una invitación a recuperar la palabra verdadera como un regalo que otorga significado a la vida y combate el vacío del silencio digital.

Al principio dijo Dios: “Que exista la luz”. Y la luz existió» (Génesis 1,3). «Todas las cosas fueron hechas por medio de la Palabra, y sin ella no se hizo nada de todo lo que existe» (Juan 1,3). La tradición judeocristiana nos enseña que Dios creó diciendo, y que la fuerza de su Palabra hizo «todo lo que existe». Los seres humanos recibimos del Creador un poder semejante. A su modo, también nuestras palabras son creadoras: dan vida, revelan sentido y comprometen nuestra existencia.

La filosofía del lenguaje nos enseña que hay palabras que mencionan y describen, pero también hay palabras que hacen, que realizan. Esto se conoce como el carácter performativo de la palabra. Cuando un hombre le dice a su mujer: «Yo te recibo como esposa y prometo amarte toda mi vida», sus palabras lo convierten en su esposo. Y, al responder con las mismas palabras, ella se hace esposa de él. Una afirmación no siempre informa o describe; a veces, crea. «Yo te prometo…», «yo te perdono…», «yo te bautizo…» no son meros enunciados de algo que ocurre, sino que, por el hecho mismo de decirlos, hacen que acontezca lo dicho. Crean una nueva realidad. No es casual que la traición a la palabra sea un acto destructivo de lo creado por ella: se destroza lo construido cuando no se vive lo hablado. Y eso duele.

La palabra también posee un poder revelador, ya que manifiesta un sentido al estar habitada por él. «Yo soy tu padre…», «sos mi hijo…», «yo te amo…» son afirmaciones que revelan un significado profundo, tanto para quien las pronuncia como para quien las recibe. Cuando no podemos o no queremos pronunciar este tipo de términos, nuestra vida comienza a perder valor. Nuestro hablar se convierte entonces en una superficial sucesión de chats: una palabrería que, a fuerza de hablar mucho, no dice nada.

Finalmente, la palabra es vínculo y compromiso. Hablar es “decirnos” a quien nos escucha, darnos a quien nos recibe. La palabra pone en evidencia el carácter intersubjetivo de nuestra existencia: ser es siempre ser con otros, para otros y gracias a otros. Es el puente que vincula y vivifica. Cuando decimos «me clavó el visto», sentimos que nuestro interlocutor de WhatsApp renuncia a serlo porque no responde; y al no hacerlo, puede hacernos sentir que no existimos para él. Mediante la palabra, asumimos el compromiso de ser nosotros mismos para el otro, con él y gracias a él.

Ejercitemos el arte de dejar que algunas de nuestras palabras emerjan de la hondura de nuestros silencios, para que así expresen lo más profundo de nosotros como un regalo para los demás. Si asumimos el compromiso de «decirnos» pronunciando una palabra personal y verdadera, nuestra vida se recreará y se revelará plena de sentido.

Padre Carlos “Checo” Avellaneda, párroco de la Parroquia Sagrada Familia en Nordelta. Con 70 años de edad, cuenta con 45 años de experiencia pastoral.

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