Home Personajes Willem Dafoe y el arte de la presencia

Willem Dafoe y el arte de la presencia

0
14


El legendario actor visitó el MALBA para presentar The Souffleur, la nueva película de Gastón Solnicki. Una charla sobre el tiempo, la identidad y el cine que prefiere las preguntas a las respuestas. Por Jorge E. Bunge

“Siempre he creído que cuando interpretas a un personaje, no estás simplemente actuando; trabajas con lo que tienes… todo surge de tu propia esencia, y todos somos capaces de cualquier comportamiento”. Con estas palabras, Willem Dafoe regresó a la Argentina el pasado sábado 31 de enero. El motivo fue la presentación de The Souffleur, la nueva película del director argentino Gastón Solnicki, en el MALBA.

Para quienes no son expertos en la materia, el verdadero acontecimiento era, sin duda, verlo, escucharlo e incluso tener la oportunidad de hacerle una pregunta. Sin embargo, Dafoe propuso un pacto inicial: no decir nada antes de la proyección. Primero mirar, después hablar. 

Cuando llegó el momento del intercambio, el actor se mostró más interesado en el diálogo que en el monólogo. Con una fluidez envidiable, pasaba de un tema a otro sin incomodidad, permitiendo que la charla encontrara su propio cauce.

Viena: Arquitectura y memoria

Ante la inevitable pregunta sobre la trama, Solnicki pareció preferir el detalle antes que el resumen. Explicó que el film retrata un mundo que se desvanece: un tiempo sin teléfonos celulares, con personas patinando sobre hielo o jugando al tenis, simplemente habitando el momento.

En este escenario, Dafoe flota entre los espacios de un hotel que es menos un edificio y más una suma de presencias. El hotel no es la estructura: son las personas que lo componen y las memorias que lo sostienen. En The Souffleur, Viena no es solo un escenario, sino una estructura emocional donde la arquitectura y el invierno ordenan y desordenan el relato.

Entre el orden y el caos

“No me gusta el orden, no me gusta el desorden. Me gusta una combinación de ambos”, dice el personaje principal. Esta tensión define el método de Solnicki: películas que se construyen en la isla de edición más que en un guion cerrado.

No hay una narrativa clásica con emociones masticadas. Según Dafoe, son obras más desafiantes, poéticas y fragmentadas, que empujan al espectador a preguntarse: ¿Qué es esto? ¿Qué significa para mí? Es una película que permanece en la cabeza, mutando de un significado a otro, lejos de las fórmulas convencionales.

La actuación como refugio

Durante la charla, surgió una cita de John Cage compartida por director y actor: “Lo que estamos haciendo es tratar de entender lo que estamos haciendo”. Por momentos, esa es la sensación frente a la pantalla. Ese diálogo interno, lejos de ser un obstáculo, termina siendo el verdadero acontecimiento.

Dafoe incluso sugirió que el propio Solnicki actuara en el film, fiel a su interés por trabajar con quienes aportan perspectivas distintas. Al ser consultado sobre la experiencia de trabajar con argentinos, sonrió y afirmó que no hubo diferencias, porque “todos somos seres humanos”.

Para él, ser actor es una posición privilegiada: “Uno tiene la posibilidad de escapar del mundo y expandir su experiencia, o al menos tener la ilusión de hacerlo. Es una manera segura de desafiar tu forma de ser, de encarnar todo tipo de comportamientos y luego volver”. Sin embargo, queda una duda: ¿se puede volver del todo después de haber sido tantos otros? La pregunta quedó en el aire, como una de esas imágenes de Solnicki que no buscan una respuesta cerrada, sino habitar la incertidumbre. Al final del día, quizás la magia de Dafoe —y de esta película— no resida en quién es él al volver a casa, sino en todo lo que nosotros nos llevamos después de haberlo visto.

NO COMMENTS

LEAVE A REPLY

Please enter your comment!
Please enter your name here