lunes, marzo 16, 2026
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El guardián de la historia de San Isidro


A sus 92 años, el historiador Bernardo Lozier Almazán repasa una vida dedicada a rescatar las raíces del distrito y reflexiona sobre el desafío de preservar el patrimonio en tiempos de modernidad.

Entrar al departamento de Bernardo Lozier Almazán en Punta Chica es, de alguna manera, suspender el presente. Rodeado de estantes con escudos, una vasta biblioteca y figuras que remiten a la labor de San Isidro Labrador, el ambiente evoca esa atmósfera de viaje en el tiempo propia de las películas de Woody Allen. A sus 92 años, Lozier Almazán no solo habita la historia; él la custodia.

Historiador, genealogista y recientemente declarado Personalidad Destacada de San Isidro, su vínculo con el pasado comenzó entre los estantes de la biblioteca del colegio Santa Isabel. Desde aquel primer libro publicado en 1986, “Reseña histórica del partido de San Isidro”, hasta sus célebres columnas en el periódico Carta Abierta, bajo el título “El Arcón de los Recuerdos”, su labor fue reconstruir la identidad de un territorio que conoce como nadie.

Identidad y patrimonio

En una charla que fluye con la naturalidad de quien ha dedicado décadas al estudio, Lozier Almazán comparte su visión sobre el patrimonio y la evolución del distrito.

—¿Le molesta la modernidad cuando cambia la fisonomía de un pueblo?

—Me da miedo que se saquen cosas históricas para construir edificios. Se ha perdido mucho y da pena ver desaparecer viejas construcciones. Pero tampoco se puede ir contra el aumento demográfico; es imposible y hay que adaptarse. En ese sentido, los museos cumplen una función fundamental: preservan lo que existió. Además, es importante que una comunidad conozca su pasado, porque nadie puede querer lo que no conoce.

—¿Hay algún personaje clave que defina los orígenes de San Isidro?

—El gran personaje es Domingo de Acassuso. Ahí empieza la historia del pueblo. Él fundó la primera capilla que dio origen a la Catedral. Era devoto de San Isidro Labrador y trajo esa veneración aquí. De ahí surgió el nombre del distrito, que antes se conocía como “Tierra de pan llevar”, porque estas tierras producían el trigo que abastecía a Buenos Aires.

Un legado entre archivos y museos

A lo largo de su carrera, Lozier Almazán dirigió instituciones emblemáticas como el Museo Pueyrredón y el Museo Histórico Municipal. Su método de trabajo sigue siendo el de la vieja escuela: leer lo publicado, investigar documentos y contrastar fuentes en archivos como el General de la Nación. Sin embargo, no es ajeno a los cambios de época.

—Muchos jóvenes hoy buscan respuestas en internet antes que en los libros. ¿Qué piensa de este cambio?

—Para mí es una decadencia dejar los libros por el celular. Es un aparato extraordinario para comunicarse, pero suele ser muy mal usado. Se intercambian mensajes en un lenguaje que ni siquiera es castellano y eso termina deformando la manera de escribir.

—¿Y qué opina de los libros digitales?

—Eso sí me parece una maravilla. Leo muchísimo en e-book. Puedo llevarme veinte libros en un viaje y agrandar la letra a mi gusto.

Aunque su mirada siempre vuelve a Europa y a la historia colonial, su presente sigue ligado a la lectura constante, alternando ensayos históricos con novelas europeas. Para Bernardo Lozier Almazán, el tiempo no es algo que pasó, sino un relato vivo que merece ser preservado para las generaciones futuras.

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