Pablo Matera se prepara para jugar su cuarto mundial de rugby con la camiseta del seleccionado. El histórico tercera línea repasa aquí su trayectoria y habla sobre su vida en Japón con su familia. A los 32 años, no le tiene miedo a los desafíos y siempre va por más.
En el año 2007, el seleccionado argentino de rugby popularizó este deporte como nunca antes en nuestro país. Agustín Pichot, Juani Hernández, los hermanos Contepomi y compañía estaban en boca de todos. Porque ese año, en Francia, fue la primera vez que Los Pumas alcanzaron las semifinales de una Copa del Mundo, y, tras vencer dos veces al anfitrión, terminaron terceros. Fue una auténtica revolución. Chicos y grandes que nunca en su vida habían tocado una pelota ovalada comenzaron a familiarizarse con palabras como try, ingoal, forwards y scrum. Los últimos partidos tuvieron un rating altísimo, inimaginado.
Pablo Matera era en ese momento un adolescente de 14 años, una edad en la que los chicos que aspiran a jugar en primera ya acumulan muchas temporadas en las categorías infantiles y se fanatizan con las hazañas de sus ídolos. Él, sin embargo, apenas vio un par de partidos de aquel torneo, más por contagio de sus amigos que por interés propio. Es más: Pablo ni siquiera jugaba al rugby. Dos mundiales después, ya era una figura destacada de Los Pumas. “En mi familia nadie había jugado, no se hablaba de rugby… a mí me gustaba el fútbol”, recuerda hoy desde Japón, donde desde hace cuatro años sobresale en la franquicia Honda Heat.

Un trotamundos
Así como decidió convertirse en deportista profesional a una edad muy temprana, Pablo encaró joven la aventura de armar una familia propia. A los 26 fue papá y hoy ya tiene tres hijos, todos varones. “D´artagnan ya tiene seis, Akira tres y Kai llegó en enero de este año. El mayor nació en Francia, vivió su primer año allá. Después nos fuimos un año a Nueva Zelanda y llevamos cuatro acá, pero la temporada de rugby es corta y nos permite estar varios meses en Argentina. En Japón vivo con mi familia en una zona un poco alejada del centro, donde pocos hablan inglés, es todo muy japonés, bien tradicional. Pero en casa obviamente hablamos en español”.
Le pusieron nombres locales a cada uno…
Sí, empezó con Darta y nos pareció divertido, así que lo mantuvimos con Akira y cuando llegó el tercero tuvimos que salir a buscar otro nombre en japonés que nos gustara.
–Pablo, hoy sos el jugador con más partidos jugados en la historia de Los Pumas, pero vayamos hacia atrás, a tus comienzos. Te fuiste muy chico a Europa, ¿cómo fue eso?
–Tenía rugby en el colegio, pero no jugaba en un club. Mis amigos me llevaron a Alumni cuando estaba por cumplir 15 años. Yo sabía que era bueno, pero me gustaba el fútbol. Creo que seguí porque me salió el instinto competitivo, las ganas de demostrar que podía jugar en la A de mi división y ser realmente un buen jugador. Vi que tenía mucho espacio para crecer, me tenía fe, y eso me atrajo mucho. Después, aproveché a fondo cada oportunidad que tuve; no fueron muchas, pero las que tuve no las dejé pasar.


–¿Cuándo empezaste a pensar que podías dedicarte profesionalmente al rugby?
–Cuando yo tenía 17 me convocaron para el seleccionado de la URBA y para el Pladar, que era un programa de entrenamiento de la UAR, y por primera vez contrataron a 10 jugadores, que eran cinco o seis años más grandes que yo. Ahí vi que estos chicos cobraban un sueldo, y pensé que yo podía ser uno de esos y vivir del rugby. Un tiempo después me dieron una beca deportiva, y así me di cuenta que ya era un rugbier profesional.
–¿En tu familia qué decían sobre eso? Porque seguramente su expectativa era que siguieras una carrera universitaria…
–A mi viejo nunca le gustó el rugby, de hecho, me acuerdo que me dijo que no quería que yo jugara. Apenas terminé el colegio empecé a estudiar Derecho en la UBA, hice el CBC en 2012, pero en 2013 debuté en Los Pumas y al final de ese año ya estaba viviendo en Inglaterra… En la primera de Alumni estuve apenas un año, solamente tres partidos jugué. Fue todo muy rápido. Y en algunos momentos muy duro también, no entendía nada.
–Debutaste en Los Pumas a los 19 años, en un puesto que tiene mucho roce físico, y contra los equipos más fuertes del mundo, ¿qué recordás de esos tiempos?
–Yo creo que hoy a un chico en esa misma situación no lo hacen debutar. A mí primero me llevaron al Seven, que se usaba para foguear jugadores, y yo pesaba 93 kilos, algo que no tiene sentido para un tercera línea. Cuando llegué a Los Pumas arañaba los 99, mi primer partido fue contra Sudáfrica, que tenía un tercera línea de 127 kilos… Y, más allá del peso, yo nunca había jugado en ese nivel, una locura fue, pero a mí no me importaba nada, tenía la inconsciencia de un chico de 19 años y no quería dejar pasar la oportunidad.
–Ibas al frente como loco y si te tenías que romper… te rompías.
–Completamente. Ese año jugué de titular los seis partidos del Rugby Championship y los tres de noviembre, algo muy atípico, y más para un jugador de mi posición. Y en 2014, en el primer partido de Los Pumas, me rompí el hombro, tuve nueve meses de recuperación. Después de eso me estabilicé toda mi carrera entre 108 y 110, no paso de eso.
–Hoy sos el hombre récord de Los Pumas, nadie jugó más partidos que vos con su camiseta, ¿cómo fuiste viviendo estos 13 años?
–Creo que fui creciendo de la mano de jugar en Los Pumas, tuve la oportunidad de estar y peleé mucho para seguir estando. Cuando llegué me ayudaron los chicos que tenían 15 años de rugby profesional, con los que compartía todo, 24/7. Absorbí cada detalle, Los Pumas fueron mi universidad, y eso te hace crecer muy rápido. Hoy soy de los más grandes y me siento representado en los chicos nuevos que se suman, trato de acercarme a ellos.
–¿Hasta cuándo tenés pensado jugar?
–Mi objetivo es el mundial 2027, hoy no me veo en Los Pumas más allá de eso, y a futuro tampoco me veo en otro lugar que en el de jugador, me cuesta pensarme como entrenador.

–¿Cómo están Los Pumas?
–Muy bien, tuvimos un gran 2025, desde que estoy yo fue el año que más jugadores debutaron, y eso nos da una base más amplia, hay 40 jugadores que pueden ponerse la camiseta y entrar a la cancha, es algo muy bueno.
–¿Cómo se vive la competencia en ese marco?
–Hay que saber separar las cosas. Es real que todos nos morimos de ganas de ponernos esta camiseta, y cuando se entrena es a cara de perro, se sabe que estamos compitiendo, pero siempre con buena intención.
–¿Se puede llegar a aquel tercer puesto de 2007?
–Yo creo que sí. De hecho, en dos de los tres mundiales que yo jugué llegamos a las semifinales. Con menos que eso te vas con un sabor amargo directamente. Tenemos que saber ganar esos partidos.
–¿El desafío es volver a ser de bronce entonces?
–Por supuesto que eso fue histórico, pero ya fuimos de bronce, podemos ir por más.
–¿No es una locura pensar en una final?
–No. Y en esto hablo por mí: Los Pumas tienen que jugar una final para dar un paso más, tienen esa responsabilidad.


The Wellness Proyect
Hace un tiempo, dos conocidos de su colegio se acercaron a Pablo Matera para proponerle asociarse para lanzar una línea de suplementos dietarios. “Al principio no estaba muy convencido. Yo consumo este tipo de productos, pero únicamente importados, porque en Argentina no están bien regulados y es un tema muy delicado. Pero los que hoy son mis socios tenían la misma preocupación, la misma obsesión por las certificaciones de calidad y salud, y fuimos por ese lado”.
Recientemente lanzaron la marca, que se llama The Wellness Proyect. “Tenemos tres suplementos, que los llamamos ´los esenciales´: vitamina C, omega 3 y magnesio bisglicinato, que no son necesariamente para el deporte, sirven para cualquier persona. Son productos de altísima calidad, con todas las certificaciones internacionales, fabricados en Argentina con proveedores de diferentes partes del mundo. El objetivo es consolidar la marca y lanzar otros suplementos próximamente”. Están a la venta en la página web de la marca, en Mercado Libre y dietéticas seleccionadas.



