Premio Niemeyer para un monumental edificio mexicano

Premio Niemeyer

En su segunda edición, el premio Oscar Niemeyer a la arquitectura latinoamericana distinguió al Centro Cultural Teopanzolco, ubicado en la ciudad de Cuernavaca. El jurado destacó la relación que este edificio de gran monumentalidad establece con su entorno, que incluye un patrimonio arqueológico del siglo XII.

Entre más de un centenar de trabajos presentados, la Red de Bienales de Arquitectura de América Latina (Redbaal) acaba de entregar el primer premio de la segunda edición del premio Oscar Niemeyer a un edificio situado en la ciudad mexicana de Cuernavaca: el Centro Cultural Teopanzolco, que establece un diálogo milenario con el centro ceremonial del mismo nombre, erigido entre los siglos XII y XV. El jurado, presidido por el peruano Jean Pierre Crousse e integrado también por Fabián Farfán (Bolivia), Carlos Jiménez (Paraguay), Carla Juaçaba (Brasil) y César Shundi (Brasil), destacó en sus fundamentos: “Insertado en la malla urbana de la ciudad, este edificio de gran monumentalidad se relaciona con su entorno a través de una configuración topográfica, en relación con su frontalidad, con la preexistencia de un patrimonio arquitectónico y arqueológico, en el preciso contraste material entre sus volúmenes de hormigón aparente y las ruinas en piedras. Resaltamos la fuerza tectónica e icónica de esta obra que, con su generosa simplicidad, ofrece múltiples usos – desde pabellón a escenario, desde centro cultural a monumento esencial, desde marco a fondo. En su geometría económica, esta bella obra crea nuevos espacios públicos de variadas escalas que contribuyen para la deseable relación entre la arquitectura y la ciudad”.

Con abundancia de piedras y lineas rectas, el centro cultural se integra armónicamente con el patrimonio arqueológico.

El premiado edificio es obra de Isaac Broid y Productora, y el proyecto lleva la firma del propio Isaac Broid, Carlos Bedoya, Víctor Jaime, Wonne Ickx y Abel Perles. El Museo de Sitio Pachamac en Lurín (Perú), de Patricia Llosa y Rodolfo Cortegana, recibió el segundo premio, mientras que el tercero correspondió a la aldea infantil en Formoso do Araguaia (Brasil), de Rosenbaum + Aleph Zero.

El ganador
El Centro Cultural Teopanzolco fue finalizado durante 2017, con una superficie de siete mil metros cuadrados. Sus autores afirman que “su situación frente a la zona arqueológica de Teopanzolco plantea dos estrategias fundamentales: por un lado potenciar la relación con el sitio arqueológico, y por el otro generar espacio público significativo.

Interiormente se destaca este notable salón para espectáculos y conferencias.

El edificio se organiza a través de dos elementos, una planta triangular que contiene los programas públicos (vestíbulos, servicios, taquillas, guardarropas, auditorio) y una plataforma que lo rodea y que aloja las zonas privadas de operación (camerinos, bodegas, zonas de armado, etc.) incluyendo una caja negra para usos múltiples.

La plataforma horizontal que rodea la planta triangular sirve como mirador hacia la zona arqueológica y hacia la ciudad. El gran basamento contiene una serie de patios, uno de ellos se hunde frente al acceso secundario del Auditorio y crea un pequeño teatro al aire libre. Esta plataforma es capaz de generar espacios exteriores diversos y resolver los accesos secundarios al interior del auditorio o a la misma plataforma, además de incorporar los grandes árboles existentes del lugar”.

Isaac Broid y sus colaboradores agregan: “La cubierta principal de forma triangular consiste de una gran rampa escalonada que nace de la intersección con la plataforma horizontal que la rodea y logra bajar sustancialmente la presencia física y el impacto visual del nuevo edificio, además de convertir el techo en un auditorio adicional al aire libre que tiene como fondo el sitio arqueológico. Esta gran explanada triangular es la cubierta de la sala principal del Auditorio, y contiene otra explanada triangular más pequeña que es la cubierta del vestíbulo principal.  Ambas plataformas descienden en direcciones opuestas y crean un juego visual de planos inclinados, que puede apreciarse durante todo el recorrido. El vestíbulo principal tiene aberturas permanentes estratégicamente dispuestas que permiten su ventilación con circulación cruzada, evitando el uso de sistemas eléctricos de acondicionamiento térmico. El eje de composición de la planta triangular del acceso se dispuso intencionalmente en el mismo eje de la pirámide principal. De esta manera, el vestíbulo dispuesto exactamente frente a la pirámide se convierte en un mirador y en un lugar de encuentro antes o después de los eventos: un espacio que establece un diálogo continuo entre la vida cultural contemporánea y la presencia del pasado”.

El Museo de Sitio Pachamac en Perú, obtuvo el segundo lugar en el concurso.

Como marco general del premio, desde la Red BAAL resaltaron lo mejor de la producción arquitectónica “en momentos de un indiscutible potenciamiento y presencia de la arquitectura latinoamericana en el contexto internacional”, y particularmente de los profesionales mexicanos, “cuya obra pudimos identificar en la enorme cantidad de proyectos presentados y analizados en esta II Edición del Premio ON, todos tributarios de una cultura ancestral prehispánica, que sigue la huella de la producción más reciente de arquitectos tan emblemáticos como Barragán o Teodoro González de León y que ahora son parte de una nueva generación de colegas mexicanos que han asumido un riguroso y continuo proceso de reinvención”.

 

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