Cuatro lugares de ensueño en la Selva Negra

Al sudoeste de Alemania, con el Rin de frontera y lindando con Alsacia, los Vosgos franceses y el Cantón del Jura suizo, la Selva Negra es uno de los lugares más visitados por turistas locales y extranjeros durante todo el año.

Selva Negra (Schwarzwald en alemán), constituye el circuito turístico más famoso de Alemania. ¿A qué se debe su nombre? En primer lugar, descubrimos que la zona no es negra ni es selva, sino que, amparada en sus agrestes y extensos bosques de gran altura, de un verde profundo, evoca también el misterio de sus leyendas y tradiciones.

Friburgo

La moderna ciudad de Munich fue nuestro punto de partida. En un veloz y confortable tren de la red Hauptbahnhof, tres horas y media después cubrimos los cuatrocientos kilómetros que la separan de Friburgo de Brisgovia, considerada capital de la Selva Negra. Con sus sinuosas calles empedradas, la imponencia de su catedral gótica, sus elegantes edificios impecablemente conservados, Friburgo nos enamora a primera vista. El atractivo edificio del antiguo Ayuntamiento oficia actualmente de Oficina de Turismo y en el Munstermark, la plaza del mercado frente a la catedral, disfrutamos de una interminable variedad de productos elaborados artesanalmente, con recetas ancestrales y materia prima de la zona.

Dos antiguas torres ofician de acceso a la ciudad; entre una puerta y la otra se sitúa Klein Venedig (Pequeña Venecia), barrio bohemio donde abundan los canales y proliferan los pubs y cafeterías, ideales para premiarse con una auténtica torta Selva Negra y una de las mejores cervezas del mundo. En esta ciudad verde, comprometida con el cuidado del medioambiente y la sustentabilidad, sus más de doscientos mil habitantes hacen de la bicicleta su medio de transporte preferido.

Gengenbach

En menos de una hora de tren, llegamos a Gengenbach, que con poco más de 10.000 habitantes mantiene vigente la belleza típica de la zona, tanto en su arquitectura de casas con frentes de entramado de madera, el cuidado de su patrimonio y el encanto de sus paisajes. En su centro histórico se destaca la Markplatz, con sus irresistibles puestos de repostería y quesos elaborados en la zona, la Rathaus (Ayuntamiento) y la Torre de la Puerta Superior (Kinzigtor), con su característico reloj y campanario.

Excelentes tabernas para disfrutar la gastronomía local, casas de té, pizzerías y markets de primer nivel nos brindaron una estadía perfecta.

Gengenbach resultó el lugar perfecto para hacer base y desde allí, siempre apoyados en la eficiencia de sus trenes, movilizarnos en visitas de un día a pueblos cercanos. Por ejemplo, Triberg, a media hora de viaje.

Triberg

Transitar por su calle principal, flanqueada por canteros de flores, típicas tabernas y elegantes restaurantes, es como introducirse en un cuento de hadas. Hacia el final de la calle, desde donde se aprecia su famosa cascada, nos enfrentamos con un gigantesco reloj cucú que ocupa todo el frente de un local comercial, en cuyo interior exhiben más de mil relojes distintos, fabricados por artesanos locales. Para todos los gustos y presupuestos. Una inesperada nevada en plena primavera, fue el condimento perfecto para convertir nuestra visita a Triberg en una fantasía hecha realidad.

Baden Baden

Después de un viaje intenso, donde las caminatas fueron la forma ideal de conocer cada rincón de la Selva Negra, llegar a Baden Baden (media hora de tren desde Gengenbach) fue el mejor premio que podíamos haber recibido para culminar nuestra aventura.

Lujosa, elegante, sofisticada como un rincón de la riviera francesa, ofrece al turista baños termales, el casino Spielbank uno de los más lujosos de Europa, hotelería y gastronomía de primerísimo nivel, además de parques, ruinas antiguas, museos, montañas, lagos y cascadas. Un fin de fiesta a todo lujo.

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