El Flaco, de La Boca a Nordelta

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Rolando Schiavi se siente muy a gusto en Nordelta, donde vive con su mujer y sus tres hijos.

Rolando Schiavi llegó de grande al club del que era hincha desde chico. Sin embargo, en poco tiempo se convirtió en ídolo y se retiró cuando tenía casi 40 años, luego de ganar nueve títulos, incluida una Copa Intercontinental. Hoy es director técnico de la reserva xeneixe y disfruta de la vida en El Golf de la ciudadpueblo.

A los ocho años fue su primer contacto con Boca, cuando el xeneixe fue a jugar a Lincoln, su pueblo natal. Después de un entrenamiento, aprovechó y se sacó fotos con el Loco Gatti y el Tano Pernía, ídolos boquenses por ese entonces. Ya de más grande, mientras hacia las inferiores en Rivadavia de Lincoln, si jugaba Boca sacaba la tele afuera, prendía la parrilla, y miraba el partido con amigos en el patio. Eran los años de Giunta, Simón, Cabañas, Comas, Graciani… y el sueño de Rolando Schiavi era ponerse la azul y oro. Jugó primero en Argentino de Rosario y luego en Argentinos Juniors, y recién a los 28 años se le presentó la oportunidad tan anhelada cuando lo contrataron para reemplazar al Patrón Bermúdez. El Flaco se asentó bien en el área, se hizo querer y terminó conquistando nueve títulos en dos etapas en Boca, incluidas las copas Libertadores e Intercontinental en 2003.

Entre ambos períodos en La Ribera jugó en Gremio de Porto Alegre y Newell´s Old Boys de Rosario, donde se convirtió en el defensor más goleador de la historia del club, con 18 goles en 109 partidos; en esa misma época adquirió otro récord: el de jugador más viejo en debutar en la Selección, con 36 años, en un partido de 2009 por las Eliminatorias, contra Paraguay. Además, dice Rolo que él, junto con Nicolás Burdisso, vendió a Maxi López al Barcelona, tras un partido contra River en el que el rubio delantero fue la figura…

Por la puerta grande

El Flaco hoy vive en el barrio El Golf de Nordelta, junto con su mujer, Jimena, y sus tres hijos: Tomy, Santino y Alma. Desde allí sale todos los días para La Boca, donde desde 2014 es director técnico de la reserva. Y allí también charló con esta revista, entre recuerdos y reflexiones.

— Como defensor fuiste goleador, pero también un duro que no perdonaba a nadie…

— Y… Me acuerdo cuando vino el Kun Agüero a jugar a la Bombonera, con 16 años, pobre, nos turnábamos con el Negro Ibarra y Cascini. Nos divertía. La clave era ir fuerte a la primera pelota, y a la dividida. Cuando ves que viene pelota y jugador, pelota y pierna, no le podés errar, ja ja.

— En tu último partido en la Bombonera colgaron de la tribuna una bandera que decía “Gracias Flaco por defender la camiseta como los hinchas”. Un mensaje para pocos.

— Me retiré en el momento justo, como quería. Ganando, bien con la gente, una despedida que todo jugador quiere tener. Me fui por la puerta grande, cuando yo quise.

— Pero después jugaste un año en China y tu retiro definitivo fue en Rivadavia de Lincoln…

— Fue más para darle la mano al club en el que mi hermano era técnico. Viajar en auto hasta allá para jugar los fines de semana era muy difícil. Pero fue muy lindo volver adonde viví 19 años y donde hice las inferiores, volver al mismo vestuario donde me cambié de chico, la misma cancha, encontrarme con la misma gente que sigue estando, los de utilería… ¡Y encima dirigido por mi hermano! Fue algo más afectivo y familiar que deportivo.

— ¿Que recordás de la vez que con la camiseta de Argentinos Juniors te tocó jugar contra Maradona?

La Bombonera se venía abajo, todo el mundo gritando “Maradoooo”, nunca viví algo igual, que alguien genere nada semejante.

— ¿Como director técnico te das cuenta de los errores que tuviste cuando eras futbolista?

— Ahora veo que debería haber escuchado más a los técnicos cuando me decían que tenía que mejorar alguna que otra cosa, por ahí cuando sos joven pensás que las sabés todas. Hoy tratamos de mostrarles a los chicos que no es así, que todos los días se puede aprender. En mi caso, en general fui de hacer caso, de otro modo no hubiese jugado veinte años al fútbol, me hubiera peleado con todos los técnicos. La autoridad siempre hay que respetarla, aunque a veces no tenga razón.

— Igual vos no volvías con mucha bronca al vestuario porque te descargabas en la cancha, ¿no?

— Sí, una vez que entraba me sacaba todo, ja ja.

— ¿Cuál es la patada que diste que mas recordás?

— No tengo muchas… O tengo tantas que ni me acuerdo, ja ja ja.

— ¿Y de los goles? Hiciste más de 50…

— Los que más me acuerdo son los de los clásicos, como el que le hice con Boca a River en la Bombonera, en 2004, y  en Newell´s contra Central, un partido que se vive de manera más intensa que un Boca-River. Pero hay muchos goles para recordar.

— Fuiste convocado sólo a dos partidos de la Selección, ¿por qué?

— En mi mejor momento, en 2003 en Boca, estaban Fabián Ayala y Walter Samuel, creo que era imposible competir con ellos y no se dio la oportunidad. Después Maradona me llamó de grande.

— ¿Cómo se vive un clásico como DT?

— Me pongo más nervioso estando afuera que adentro de la cancha, porque jugando vos sabés las cosas que tenés que hacer, y desde afuera por ahí no lo podés lograr.

— Si Guillermo Barros Schelotto diera un paso al costado y te llegara la oportunidad, ¿estarías preparado?

— No está en mi cabeza dirigir la primera de Boca ahora. Creo que todavía tengo mucho para aprender, ir a otro lado a juntar experiencia y en otro momento si se da bien, pero por el momento no está la idea.

— ¿Qué directores técnicos admirás?

— Varios… Bielsa, Guardiola, Sampaoli me gusta mucho. Los técnicos que trabajan, a la larga tiene sus frutos.

— ¿Qué opinas de los cambios que hubo en la AFA?

— Espero que sean para mejorar, pero por lo visto si no hay un cambio muy profundo vamos a seguir estando en la misma, y creo que estamos cada vez peor.

— ¿Cómo comparás el fútbol de tu época con el actual?

— Creo que hoy es totalmente distinto, los representantes y los padres están muy pendientes de lo que puede llegar a generar un chico. Antes por ahí teníamos más sacrificios, o tal vez otro tipo de cabeza. Mi papá nunca fue a una cancha de fútbol y nunca me obligó a jugar. Lo único que me dijo fue que tenía que estudiar o trabajar. Hoy ya no tienen la cultura del trabajo como teníamos nosotros antes, y el hijo no ve al padre con cultura de trabajo, entonces especulan para ver si llegan.

— ¿Que te dejó haber trabajado en la carnicería de tu papá cuando vivías en Lincoln?

Me sirvió muchísimo para poder valorar lo que significa traer el pan a mi casa, hasta el día de hoy mi viejo sigue trabajando. Creo que yo con ese ejemplo no podía no hacerlo. Yo lo sigo haciendo hasta el día de hoy, y es un ejemplo para mis hijos, En la vida sin sacrificio no llegás a nada. Si no sacrificás cosas, no vivís el día a día y no entregás todo, no podés ser nadie en la vida.

— Viviste en China, España, Brasil, ¿cómo es vivir en Nordelta?

— Muy tranquilo, estamos muy contentos. Sabemos que es una burbuja por ahí para nuestros hijos, pero está en cada padre querer mostrarle otro tipo de cosas que existen más allá de esto.

— Vivías en Santa Bárbara y te mudaste acá nomás…

— Acá es más tranquilo, El Golf es mucho más abierto. En Santa Bárbara vivíamos en la troncal y con los chicos no podés salir a andar en bicicleta porque pasan autos todo el día, es un caos.

— ¿Jugás al golf acá en Nordelta?

— Si salimos a jugar a veces con Raúl Cascini, Carlos Tevez cuando está acá, Andrés Guglielminpietro… Es donde me puedo desconectar de todo, la paso bien, armé un grupo lindo y me puedo despejar un poco todos los días.

— ¿Cuál es tu lugar en el mundo?

— Todos los lugares donde viví. No soy de aferrarme a un lugar y decir “Acá me quedo”. Lincoln me encanta, pero para ir uno o dos días a visitar a mis viejos o ir al campo; Buenos Aires me gusta también, pero si tengo que ir a otro lado, no tengo problema, la pasé muy bien en todos los lugares que viví.

— ¿Y de vacaciones?

— Me gusta mucho la playa, todas las que pueda conocer, las mejores playas del mundo trato de ir, en julio y diciembre.

— ¿Te gustaría que tus hijos sean futbolistas?

— Que hagan lo que quieren, los voy a apoyar en lo que quieran hacer. Mientras estudien…

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