El nombre de la leyenda

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Lord Norman Foster es el arquitecto vivo más prestigioso del planeta entero. A los 85 años, acumula casi seis décadas de trayectoria, con obras que han modernizado el perfil de muchísimas ciudades. Entre otros premios, obtuvo el Pritzker en 1999 y el Príncipe de Asturias de las Artes en 2009.

La torre Cepsa, en Madrid.

Invocar hoy a Norman Foster implica entrar en el mundo de uno de los arquitectos de mayor renombre del mundo entero, responsable de un sinfín de obras de múltiples tipologías y usos en todos los continentes. Este británico, nacido en Manchester en 1935, ha diseñado rascacielos, oficinas, galerías, aeropuertos, estadios, edificios gubernamentales, planes maestros de ciudades y hasta un puerto espacial. A pesar de semejante diversidad, se puede encontrar algo que lo une e identifica, mencionado por el jurado que le otorgó el premio Pritzker en 1999: “Desde sus primeros proyectos, era evidente que abrazaría la tecnología más avanzada apropiada para cada tarea”. 

Esta devoción por la última tecnología arquitectónica le valió su lugar en el movimiento High-Tech. Y aunque este luego se desvaneció como movimiento, el trabajo de Foster continuó siempre ampliando los límites de la tecnología arquitectónica, que en los últimos años desembocaron en encargos como el edificio futurista del Apple Park y la ciudad inteligente de Masdar, en Abu Dabi.

Foster estudió en la universidad de su ciudad y luego hizo un postgrado en la Universidad de Yale, Estados Unidos. En 1963 fundó el despacho de arquitectos Team 4, que se disolvió cuatro años después, cuando nació Foster and Partners, con quien entonces era su esposa, Wendy Cheesman, como socia cofundadora.

Desde ese mismo momento, el trabajo del estudio fue muy prolífico, y ya en los años ’70 comenzó a ganar fama internacional, lo que con el pasar de los años derivó en dos premios Stirling, una medalla de oro RIBA, una medalla de oro AIA, un título de caballero y otro de barón. Diseños como el Hong Kong and Shanghai Bank, el edificio The Gherkin en Londres y The Hearst Tower en Nueva York le dieron luego a Foster un lugar entre los mejores arquitectos del siglo XXI.

Sus proyectos llevan un marcado sello industrial, en el sentido de que emplean en los edificios elementos que se repiten multitud de veces, por lo que son fabricados fuera de la obra. Frecuentemente se diseñan componentes especiales para un edificio, lo que refleja un estilo de buena manufactura.

La escalera en espiral del Ayuntamiento de Londres.

En nuestro país, Foster ganó el concurso internacional que lanzó el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires para construir su nueva sede, en el barrio de Parque Patricios. Se trata de un edificio de grandes dimensiones, híper moderno, cuya construcción se distingue por un techo amplísimo ondulado. En su concepción se tuvo muy en cuenta los aspectos de climatización, iluminación y circuito virtuoso del agua. Las oficinas están dispuestas en terrazas, huyen de las divisiones y tienen un diseño acústico que logra fundir y minimizar las voces. Incluye un auditorio y varios patios (uno central y otros laterales), con la luz y la transparencia como denominadores comunes. 

A sus 85 años, Norman Foster se mantiene muy activo, y su estudio hoy tiene oficinas en Londres, Madrid, Hong Kong, Abu Dabi y New York, en las que emplea en total a más de un millar de personas. Un detalle de su vida privada: en 1989 falleció su esposa y socia, y siete años después se casó con la psicóloga y sexóloga española Elena Ochoa, 23 años menor que él.

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