martes, marzo 31, 2026
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El estratega que expande su imperio más allá del polo


De las canchas de Palermo a los desarrollos de lujo en Punta del Este, Adolfo Cambiaso (h.) consolida su alianza con Eduardo Costantini y redefine el concepto de lifestyle deportivo.

En el universo del deporte de alto rendimiento, existen figuras que dominan su disciplina, pero solo un puñado logra trascenderla para convertirse en una marca global. Adolfo Cambiaso (h.) no es solo el máximo referente del polo a nivel mundial; es el arquitecto de un ecosistema que combina destreza atlética, visión inmobiliaria, moda y vanguardia científica. Actual campeón de la Triple Corona Argentina con La Natividad, su hambre de gloria deportiva sigue intacta, pero su legado más ambicioso se está construyendo hoy también fuera de las canchas.

De Cañuelas al mundo

La historia de Adolfo Cambiaso (h.) es la de una precocidad asombrosa que derivó en una hegemonía absoluta. Desde que irrumpió en los años 90, se convirtió en el jugador más ganador de la era moderna. Sus números son abrumadores: el Abierto Argentino de Polo en Palermo ha sido testigo de sus triunfos en reiteradas ocasiones. A esto se suman victorias en el US Open y en los torneos más exclusivos de Europa y Asia. Su nombre es sinónimo de un polo técnico, veloz y, sobre todo, inteligente.

Mas allá de las copas, Cambiaso (h.) se consolidó como un empresario en constante expansión. Su incursión en el mundo del Real Estate no fue azarosa. Hace más de 15 años, identificó que el estilo de vida del polo tenía un valor de mercado incalculable. Así nació La Dolfina Polo Ranch, en Cañuelas. A través de chacras exclusivas, logró atraer a una gran cantidad de inversores extranjeros que decidieron apostar por Argentina, seducidos por la posibilidad de vivir “el sueño del polo” de la mano de su mayor exponente. Este proyecto no solo urbanizó la zona, sino que profesionalizó el concepto de polo-living.

La alianza con Eduardo Costantini

La visión de Adolfo no conoce fronteras. En los últimos meses, dio un golpe maestro en el mercado regional al sellar una sociedad estratégica con Consultatio, la empresa dirigida por Eduardo Costantini. Esta alianza dio vida a “La Dolfina Punta del Este” en Uruguay, un emprendimiento de lujo ubicado sobre la ruta camino a José Ignacio.

El lanzamiento fue un fenómeno en sí mismo. Durante un exclusivo evento en el Campo Argentino de Polo, con la presencia de Adolfo Cambiaso (h.) y Costantini, el proyecto alcanzó récords de ventas sin precedentes; La Dolfina Punta del Este ya fue un boom de ventas en sus primeras horas de lanzamiento, confirmando el enorme interés por este nuevo concepto de lujo. Hoy, las máquinas ya realizan movimientos de suelo en la costa uruguaya, proyectando el estándar de excelencia de La Dolfina al mercado internacional.

El imperio Cambiaso se extiende también a la indumentaria y la tecnología aplicada a la cría. Adolfo Cambiaso (h.) fue el pionero absoluto en la clonación de caballos de polo. Lo que comenzó como un experimento con su mítica yegua “Aiken Cura”, alcanzó el clímax con “Dolfina Cuartetera”. En un hecho sin precedentes, Cambiaso jugó el Abierto de Palermo montando clones de la Cuartetera, demostrando que la ciencia y el deporte podían ir de la mano.

Una estrella que trasciende

Adolfo Cambiaso (h.) ya no es solo el número uno del ranking; es un símbolo de cómo la visión estratégica puede transformar una carrera deportiva en un holding diversificado. Desde la clonación biotecnológica hasta los desarrollos inmobiliarios de lujo en sociedad con los mayores empresarios del continente, Cambiaso sigue ganando. Sus triunfos se miden tanto en goles como en hectáreas, marcas y patentes.

Mística, tradición y gloria del golf  


En el marco del centenario de la Asociación Argentina de Golf, el Jockey Club fue el escenario de una semana histórica durante el 119° VISA Open, que culminó con el triunfo del estadounidense Alistair Docherty y una actuación consagratoria del aficionado argentino Segundo Oliva Pinto.

El entorno del Hotel Wyndham Nordelta fue el escenario elegido para dar el puntapié inicial a una de las semanas más vibrantes del deporte nacional: el 119° VISA Open de Argentina presentado por Macro. El lanzamiento oficial en Nordelta marcó el inicio de una edición con una mística especial, ya que coincidió con los 100 años de la Asociación Argentina de Golf (AAG), la institución que forjó el destino de esta disciplina en el país.

Un hito en “La Colorada”

Este año, el césped de “La Colorada” en el Jockey Club de San Isidro no solo fue testigo de la competencia, sino de un hito institucional. Como destacó Pablo Lozada, presidente de la AAG, estos 100 años representan un legado de excelencia. El certamen, en su tercer año dentro del Korn Ferry Tour (vínculo extendido hasta 2029), garantizó un nivel de juego superlativo al ser el principal puente hacia el prestigioso PGA TOUR.

La relevancia internacional se potenció con su incorporación a The Open Qualifying Series (OQS), otorgando al campeón una invitación directa para disputar el 154th Open Championship en Royal Birkdale en julio de 2026.

El rugido del campeón

El estadounidense Alistair Docherty se quedó con la victoria más importante de su carrera tras una ronda final de 65 golpes (-5), completando el campeonato con un total de 258 impactos (-22). Un birdie agónico en el hoyo 18 le aseguró su primer título en el Korn Ferry Tour y el pasaje al Major británico.

“Estoy sin palabras. Durante toda la semana fui muy paciente y me mantuve fiel al proceso. Poder jugar mi primer Open Championship en un lugar con tanta tradición es algo muy especial”, comentó emocionado el jugador de 31 años. Con su triunfo, ya son 20 los estadounidenses que han alzado este trofeo, sumándose a leyendas como Jim Furyk y Mark O’Meara.

Orgullo nacional: El factor Oliva Pinto

El mejor argentino del torneo fue el aficionado Segundo Oliva Pinto, quien finalizó en un meritorio séptimo puesto con un total de -16. El cordobés de 26 años se adjudicó la Copa Emilio Pereyra Iraola al mejor amateur. “Disfruté muchísimo esta semana por el apoyo del público; tener mi nombre en esa copa significa muchísimo”, remarcó Oliva Pinto, quien tras este resultado clasificó para la próxima fecha del tour en Chile. Por su parte, Jorge Fernández Valdés terminó en la 15ta posición y Fabián Gómez en la 25ta.

Así, entre la mística de sus cien años y la adrenalina del Korn Ferry Tour, el VISA Open de Argentina reafirmó su lugar como el evento insignia de la región. Más que una competencia de élite, esta edición fue un punto de encuentro donde la tradición centenaria se cruzó con el futuro del golf mundial. Con el trofeo en manos de Docherty y el orgullo local renovado por la gran actuación de sus figuras, el torneo se despidió del Jockey Club dejando una huella imborrable que ya mira con entusiasmo hacia su próxima edición.

La ficción que ilumina la historia 


El escritor de novelas Hernán Labate combina el rigor histórico con la narrativa de ficción para sumergir al lector en la España de los años treinta. Demuestra que la literatura puede ser un instrumento poderoso para comprender el pasado.

Apasionado por la literatura y abogado de profesión, el escritor argentino, Hernán Labate es un lector voraz y culto, que encuentra inspiración en la historia, la sociología y la política. Se define republicano y manifiesta una fascinación por la Antigua Roma, la Segunda Guerra mundial y especialmente por la España de la década del ‘30. 

Dicha afición cristaliza en su colección “Una península en Llamas”, un ambicioso proyecto narrativo que ya cuenta con dos novelas publicadas, “Sin tu venia” y “Un puente en la Niebla”. La tercera, “Espejos Rotos”, se encuentra en proceso y verá la luz hacia fin de año.

Cada obra es extensa e independiente, sin atarse a un orden cronológico estricto. Los personajes, aunque ficticios, se entrelazan mediante sutiles guiños; protagonistas de una historia reaparecen como figuras secundarias en otra, construyendo dinamismo y cohesión.

La ambientación remite a escenarios históricos rigurosamente documentados. Labate invita al lector a sumergirse en el alma de una época y a recorrer la España turbulenta de los años treinta, marcada por un conflicto que dejó una huella indeleble.

Humanidad en tiempo de conflicto

La Guerra Civil Española (1936-1939) fue un periodo traumático que trascendió fronteras e impactó al mundo. A casi nueve décadas de aquellos acontecimientos, la memoria colectiva se reactiva en novelas como las de Labate, que laten sobre ese mismo telón de fondo, recreando un contexto que confrontó a republicanos y nacionalistas, a hermanos, amigos y vecinos. Fue un enfrentamiento que segó innumerables vidas, empujó a muchos al exilio y dejó heridas abiertas.

En sus páginas, los personajes, aunque nacidos de la imaginación, están profundamente arraigados en esa realidad histórica. Son figuras complejas y humanizadas; piensan, dudan, aman y temen en medio de una guerra que no alcanzan a comprender. El conflicto no aparece solo como un hecho político o militar, sino como una experiencia que irrumpe en la vida cotidiana y la transforma.

Con un estilo equilibrado y cautivador, el autor construye tramas atrapantes, con desenlaces inesperados pero verosímiles. Su narrativa fusiona planos opuestos; la frialdad estratégica de la pelea y la calidez del amor; la violencia del contexto y la persistencia de valores como la lealtad, la amistad y la esperanza.  El rigor histórico convive con la libertad creativa necesaria para explorar aquello que los documentos no registran; emociones, silencios y contradicciones íntimas. El foco central está puesto en la repercusión que las disputas de poder tienen sobre las personas comunes.

Virtudes de un escritor

Modestia y amabilidad describen a Hernán Labate tanto como su vocación literaria. Su entusiasmo por la escritura resulta contagioso, así como su compromiso con la verdad histórica y la empatía hacia sus personajes. 

Confiesa que en sus inicios solo le importaba escribir. Hoy, además, desea ser leído, compartir y conmover; tender un puente emocional con quienes se adentran en sus novelas. Aspira a que el lector acompañe a los protagonistas, sufra con sus pérdidas y celebre sus logros.

Sus obras proponen un viaje en el tiempo que no se limita a reconstruir hechos, sino que interpela al presente. Con una mirada humana y reflexiva, Labate reafirma el poder y el impacto de la literatura. En “Una Península en Llamas”, la ficción ilumina el pasado y recuerda que detrás de cada conflicto existen personas de carne y hueso. Con un estilo singular, ofrece no solo relatos envolventes, sino también una manera sensible y profunda de entender la historia.

Willem Dafoe y el arte de la presencia


El legendario actor visitó el MALBA para presentar The Souffleur, la nueva película de Gastón Solnicki. Una charla sobre el tiempo, la identidad y el cine que prefiere las preguntas a las respuestas. Por Jorge E. Bunge

“Siempre he creído que cuando interpretas a un personaje, no estás simplemente actuando; trabajas con lo que tienes… todo surge de tu propia esencia, y todos somos capaces de cualquier comportamiento”. Con estas palabras, Willem Dafoe regresó a la Argentina el pasado sábado 31 de enero. El motivo fue la presentación de The Souffleur, la nueva película del director argentino Gastón Solnicki, en el MALBA.

Para quienes no son expertos en la materia, el verdadero acontecimiento era, sin duda, verlo, escucharlo e incluso tener la oportunidad de hacerle una pregunta. Sin embargo, Dafoe propuso un pacto inicial: no decir nada antes de la proyección. Primero mirar, después hablar. 

Cuando llegó el momento del intercambio, el actor se mostró más interesado en el diálogo que en el monólogo. Con una fluidez envidiable, pasaba de un tema a otro sin incomodidad, permitiendo que la charla encontrara su propio cauce.

Viena: Arquitectura y memoria

Ante la inevitable pregunta sobre la trama, Solnicki pareció preferir el detalle antes que el resumen. Explicó que el film retrata un mundo que se desvanece: un tiempo sin teléfonos celulares, con personas patinando sobre hielo o jugando al tenis, simplemente habitando el momento.

En este escenario, Dafoe flota entre los espacios de un hotel que es menos un edificio y más una suma de presencias. El hotel no es la estructura: son las personas que lo componen y las memorias que lo sostienen. En The Souffleur, Viena no es solo un escenario, sino una estructura emocional donde la arquitectura y el invierno ordenan y desordenan el relato.

Entre el orden y el caos

“No me gusta el orden, no me gusta el desorden. Me gusta una combinación de ambos”, dice el personaje principal. Esta tensión define el método de Solnicki: películas que se construyen en la isla de edición más que en un guion cerrado.

No hay una narrativa clásica con emociones masticadas. Según Dafoe, son obras más desafiantes, poéticas y fragmentadas, que empujan al espectador a preguntarse: ¿Qué es esto? ¿Qué significa para mí? Es una película que permanece en la cabeza, mutando de un significado a otro, lejos de las fórmulas convencionales.

La actuación como refugio

Durante la charla, surgió una cita de John Cage compartida por director y actor: “Lo que estamos haciendo es tratar de entender lo que estamos haciendo”. Por momentos, esa es la sensación frente a la pantalla. Ese diálogo interno, lejos de ser un obstáculo, termina siendo el verdadero acontecimiento.

Dafoe incluso sugirió que el propio Solnicki actuara en el film, fiel a su interés por trabajar con quienes aportan perspectivas distintas. Al ser consultado sobre la experiencia de trabajar con argentinos, sonrió y afirmó que no hubo diferencias, porque “todos somos seres humanos”.

Para él, ser actor es una posición privilegiada: “Uno tiene la posibilidad de escapar del mundo y expandir su experiencia, o al menos tener la ilusión de hacerlo. Es una manera segura de desafiar tu forma de ser, de encarnar todo tipo de comportamientos y luego volver”. Sin embargo, queda una duda: ¿se puede volver del todo después de haber sido tantos otros? La pregunta quedó en el aire, como una de esas imágenes de Solnicki que no buscan una respuesta cerrada, sino habitar la incertidumbre. Al final del día, quizás la magia de Dafoe —y de esta película— no resida en quién es él al volver a casa, sino en todo lo que nosotros nos llevamos después de haberlo visto.

Versatilidad sin límites

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La nueva RAM Dakota combina un interior de lujo con una capacidad off-road inigualable. Una pick-up que redefine el segmento con tecnología de vanguardia y seguridad, para conquistar el asfalto urbano y los terrenos más exigentes.

El mercado automotriz argentino es testigo de un hito relevante con el lanzamiento de la RAM Dakota. Este modelo, de producción nacional, no solo marca el inicio de una nueva era para la marca en el país, sino que llega con la ambición de redefinir lo que se espera de una pick-up. 

El nuevo vehículo de Stellantis traslada su legendario ADN de “fuerza de trabajo” a un vehículo que fluye con naturalidad, entre la exigencia del campo y la elegancia de la ciudad. Y el reconocimiento no tardó en llegar. En la edición 2025 de los premios otorgados por los Periodistas de la Industria Automotriz (PIA), la Dakota se consagró como el “Vehículo Comercial” del año. El jurado destacó su equilibrio excepcional entre precio, producto e innovación, posicionándola por encima de competidores consolidados.

Dos personalidades, un mismo ADN

La gama de la Dakota se despliega en dos versiones que comprenden a la perfección los diferentes perfiles del usuario actual:

•Warlock: Para quienes la aventura es una prioridad. Con un espíritu puramente off-road, presenta molduras negras, llantas de 17 pulgadas y la icónica barra antivuelco RAMBAR®. Su estética rústica en acabado Satin Grey advierte que está lista para caminos difíciles.

•Laramie: La opción para quienes buscan un aire sofisticado y urbano. Con llantas de 18 pulgadas, acabados cromados y la firma lumínica LED Lightbar, esta versión se destaca por una presencia moderna que no pasa desapercibida en los centros urbanos.

Performance y capacidad sin concesiones

La Dakota alberga un motor turbodiésel de 2.2 litros que entrega 200 cv y un torque de 450 Nm, gestionados por una caja automática de 8 velocidades. Esta combinación garantiza una respuesta ágil y eficiente. Pero donde realmente brilla es en su versatilidad de tracción.

Su capacidad de carga de hasta 1.020 kg y un remolque de 3.500 kg la convierten en una herramienta de trabajo infalible, mientras que su caja de carga de 1.210 litros de volumen es ideal para el equipamiento de cualquier escapada de fin de semana.

Un refugio tecnológico

El interior de la Dakota sorprende por un nivel de confort inusual para su segmento. Tapizados de cuero, climatizador bi-zona y una pantalla multimedia de 12,3 pulgadas crean un entorno premium. En términos de seguridad, la tranquilidad es total gracias a su cámara 360°, seis airbags y múltiples asistencias a la conducción.

La RAM Dakota no es solo una camioneta; es una declaración de principios donde la robustez americana y la industria nacional se unen para ofrecer una experiencia de manejo superior.

La palabra que crea, revela y compromete


Una invitación a recuperar la palabra verdadera como un regalo que otorga significado a la vida y combate el vacío del silencio digital.

Al principio dijo Dios: “Que exista la luz”. Y la luz existió» (Génesis 1,3). «Todas las cosas fueron hechas por medio de la Palabra, y sin ella no se hizo nada de todo lo que existe» (Juan 1,3). La tradición judeocristiana nos enseña que Dios creó diciendo, y que la fuerza de su Palabra hizo «todo lo que existe». Los seres humanos recibimos del Creador un poder semejante. A su modo, también nuestras palabras son creadoras: dan vida, revelan sentido y comprometen nuestra existencia.

La filosofía del lenguaje nos enseña que hay palabras que mencionan y describen, pero también hay palabras que hacen, que realizan. Esto se conoce como el carácter performativo de la palabra. Cuando un hombre le dice a su mujer: «Yo te recibo como esposa y prometo amarte toda mi vida», sus palabras lo convierten en su esposo. Y, al responder con las mismas palabras, ella se hace esposa de él. Una afirmación no siempre informa o describe; a veces, crea. «Yo te prometo…», «yo te perdono…», «yo te bautizo…» no son meros enunciados de algo que ocurre, sino que, por el hecho mismo de decirlos, hacen que acontezca lo dicho. Crean una nueva realidad. No es casual que la traición a la palabra sea un acto destructivo de lo creado por ella: se destroza lo construido cuando no se vive lo hablado. Y eso duele.

La palabra también posee un poder revelador, ya que manifiesta un sentido al estar habitada por él. «Yo soy tu padre…», «sos mi hijo…», «yo te amo…» son afirmaciones que revelan un significado profundo, tanto para quien las pronuncia como para quien las recibe. Cuando no podemos o no queremos pronunciar este tipo de términos, nuestra vida comienza a perder valor. Nuestro hablar se convierte entonces en una superficial sucesión de chats: una palabrería que, a fuerza de hablar mucho, no dice nada.

Finalmente, la palabra es vínculo y compromiso. Hablar es “decirnos” a quien nos escucha, darnos a quien nos recibe. La palabra pone en evidencia el carácter intersubjetivo de nuestra existencia: ser es siempre ser con otros, para otros y gracias a otros. Es el puente que vincula y vivifica. Cuando decimos «me clavó el visto», sentimos que nuestro interlocutor de WhatsApp renuncia a serlo porque no responde; y al no hacerlo, puede hacernos sentir que no existimos para él. Mediante la palabra, asumimos el compromiso de ser nosotros mismos para el otro, con él y gracias a él.

Ejercitemos el arte de dejar que algunas de nuestras palabras emerjan de la hondura de nuestros silencios, para que así expresen lo más profundo de nosotros como un regalo para los demás. Si asumimos el compromiso de «decirnos» pronunciando una palabra personal y verdadera, nuestra vida se recreará y se revelará plena de sentido.

Padre Carlos “Checo” Avellaneda, párroco de la Parroquia Sagrada Familia en Nordelta. Con 70 años de edad, cuenta con 45 años de experiencia pastoral.

El dilema de la transformación


Más allá de la eficiencia digital u organizacional, surge una pregunta incómoda pero necesaria: ¿hacia dónde nos dirigimos realmente?

En el ecosistema corporativo actual, la palabra “transformación” se volvió omnipresente. Adorna planes estratégicos, encabeza discursos de liderazgo y llena estanterías de management. Pareciera que transformarse ya no es una opción, sino una obligación permanente para no quedar fuera del juego. Sin embargo, en medio de este frenesí por el cambio, rara vez se profundiza en una cuestión elemental: ¿para qué nos transformamos?

La transformación, entendida correctamente, no es un destino, sino un vehículo. Es un proceso exigente que busca modificar estructuras y creencias para alcanzar nuevos niveles de desempeño. Pero el clima cultural actual suele caer en un error frecuente: suponer que toda transformación es positiva por defecto. La realidad es que un cambio mal diseñado o inoportuno puede, incluso, acelerar el deterioro de aquello que intentaba mejorar.

El quiebre de un viejo paradigma

Históricamente, las organizaciones se transforman para adaptarse y crear valor. Pero hoy, el entorno al que intentamos adaptarnos atraviesa una “metacrisis”. No se trata solo de mercados volátiles o tecnologías disruptivas, sino de una crisis de los supuestos básicos que han organizado nuestra idea de progreso en los últimos siglos. Nos enfrentamos a una policrisis donde lo ecológico, lo social y lo económico se entrelazan de forma compleja.

El paradigma que hoy comienza a resquebrajarse es el del crecimiento indefinido en un planeta con recursos finitos. Durante décadas, el sistema operó bajo la ilusión de que la capacidad de la Tierra para absorber impactos era ilimitada. La ciencia actual es categórica: muchos de los límites que sostienen la estabilidad planetaria ya han sido sobrepasados.

Entre la eficiencia y la regeneración

En este contexto, la pregunta por el sentido de la transformación adquiere una dimensión ética y estratégica. Una compañía puede alcanzar un éxito rotundo volviéndose más eficiente, ágil y rentable, pero si lo hace dentro de un modelo que erosiona las condiciones básicas de la vida, está simplemente optimizando el rumbo equivocado. No toda transformación es regenerativa; muchas son, en esencia, transformaciones degenerativas con un mejor diseño.

Por ello, el gran desafío para los directorios y equipos ejecutivos de hoy no reside únicamente en la inteligencia de datos o la velocidad de ejecución, sino en la sabiduría. La tecnología y la eficiencia no podrán reemplazar nuestra dependencia absoluta de la biosfera.

Tal vez la pregunta decisiva para los líderes actuales no sea si se están transformando lo suficiente, sino si lo están haciendo en la dirección correcta. Cada proceso que se lidera hoy ayuda a definir el mundo que estamos reproduciendo o, con suerte, aquel que todavía estamos a tiempo de reparar.

Mariano Barusso

Fundador y CEO de Asertys

El guardián de la historia de San Isidro


A sus 92 años, el historiador Bernardo Lozier Almazán repasa una vida dedicada a rescatar las raíces del distrito y reflexiona sobre el desafío de preservar el patrimonio en tiempos de modernidad.

Entrar al departamento de Bernardo Lozier Almazán en Punta Chica es, de alguna manera, suspender el presente. Rodeado de estantes con escudos, una vasta biblioteca y figuras que remiten a la labor de San Isidro Labrador, el ambiente evoca esa atmósfera de viaje en el tiempo propia de las películas de Woody Allen. A sus 92 años, Lozier Almazán no solo habita la historia; él la custodia.

Historiador, genealogista y recientemente declarado Personalidad Destacada de San Isidro, su vínculo con el pasado comenzó entre los estantes de la biblioteca del colegio Santa Isabel. Desde aquel primer libro publicado en 1986, “Reseña histórica del partido de San Isidro”, hasta sus célebres columnas en el periódico Carta Abierta, bajo el título “El Arcón de los Recuerdos”, su labor fue reconstruir la identidad de un territorio que conoce como nadie.

Identidad y patrimonio

En una charla que fluye con la naturalidad de quien ha dedicado décadas al estudio, Lozier Almazán comparte su visión sobre el patrimonio y la evolución del distrito.

—¿Le molesta la modernidad cuando cambia la fisonomía de un pueblo?

—Me da miedo que se saquen cosas históricas para construir edificios. Se ha perdido mucho y da pena ver desaparecer viejas construcciones. Pero tampoco se puede ir contra el aumento demográfico; es imposible y hay que adaptarse. En ese sentido, los museos cumplen una función fundamental: preservan lo que existió. Además, es importante que una comunidad conozca su pasado, porque nadie puede querer lo que no conoce.

—¿Hay algún personaje clave que defina los orígenes de San Isidro?

—El gran personaje es Domingo de Acassuso. Ahí empieza la historia del pueblo. Él fundó la primera capilla que dio origen a la Catedral. Era devoto de San Isidro Labrador y trajo esa veneración aquí. De ahí surgió el nombre del distrito, que antes se conocía como “Tierra de pan llevar”, porque estas tierras producían el trigo que abastecía a Buenos Aires.

Un legado entre archivos y museos

A lo largo de su carrera, Lozier Almazán dirigió instituciones emblemáticas como el Museo Pueyrredón y el Museo Histórico Municipal. Su método de trabajo sigue siendo el de la vieja escuela: leer lo publicado, investigar documentos y contrastar fuentes en archivos como el General de la Nación. Sin embargo, no es ajeno a los cambios de época.

—Muchos jóvenes hoy buscan respuestas en internet antes que en los libros. ¿Qué piensa de este cambio?

—Para mí es una decadencia dejar los libros por el celular. Es un aparato extraordinario para comunicarse, pero suele ser muy mal usado. Se intercambian mensajes en un lenguaje que ni siquiera es castellano y eso termina deformando la manera de escribir.

—¿Y qué opina de los libros digitales?

—Eso sí me parece una maravilla. Leo muchísimo en e-book. Puedo llevarme veinte libros en un viaje y agrandar la letra a mi gusto.

Aunque su mirada siempre vuelve a Europa y a la historia colonial, su presente sigue ligado a la lectura constante, alternando ensayos históricos con novelas europeas. Para Bernardo Lozier Almazán, el tiempo no es algo que pasó, sino un relato vivo que merece ser preservado para las generaciones futuras.

Excelencia con sello francés y alma mendocina


Fabre Montmayou, la bodega pionera de Luján de Cuyo vuelve a brillar en la crítica internacional con puntajes históricos para su portfolio de etiquetas.

En el competitivo escenario del vino argentino, la consistencia es el mayor trofeo al que puede aspirar una bodega. La reciente publicación de la Guía Descorchados 2026, liderada por el prestigioso crítico Patricio Tapia, volvió a poner el foco sobre Fabre Montmayou, confirmando que su camino hacia la excelencia no es fruto del azar, sino de un respeto profundo por el origen.

El gran protagonista de esta edición fue el Grand Vin 2023. El blend ícono de la casa no solo alcanzó la imponente cifra de 97 puntos, sino que fue distinguido como el “Mejor Vino de Vistalba” por tercer año consecutivo. Este hito posiciona a la etiqueta —un ensamble preciso de Malbec, Cabernet Sauvignon y Merlot— como una de las expresiones más sólidas y representativas del terroir de Luján de Cuyo.

Para Hervé Fabre, propietario y enólogo de la bodega, estos resultados son el reflejo de una filosofía que trajo consigo desde Burdeos en la década del 90. Al respecto, el winemarker señaló: “Que nuestros vinos vuelvan a destacarse en Descorchados es un reconocimiento al esfuerzo del equipo y a nuestra visión de elaborar vinos que expresen con claridad cada terroir”.

Un portfolio que habla de calidad

Más allá del éxito del Grand Vin, la bodega demostró un desempeño sobresaliente en toda su línea, obteniendo puntajes que validan la calidad técnica de cada segmento: Reserva Malbec 2024 (94 puntos), Grand Reserva Malbec 2023 (93 puntos) y Grand Reserva Cabernet Sauvignon 2023 (92 puntos).

Estos números no son menores en una guía que, desde 1999, se ha convertido en el mapa indispensable para entender la evolución del vino en Sudamérica. “Este tercer año consecutivo para el Grand Vin muestra que seguimos en el camino correcto, con foco en la calidad y en una identidad enológica propia”, agregó Fabre.

El legado de una visión pionera

La historia de Fabre Montmayou es, en esencia, la crónica de una apuesta audaz por el potencial argentino. En 1993, seducido por las posibilidades del “Nuevo Mundo”, el francés Hervé Joyaux Fabre decidió fusionar el savoir-faire de Burdeos con la fuerza de los suelos locales. Aquella visión lo llevó a adquirir antiguos viñedos de Malbec plantados en 1908 en Vistalba, dando vida a la primera bodega boutique del país. Bajo una estética de “château”, la propuesta de Hervé fue disruptiva: rescatar cepas viejas para elaborar vinos de alta gama con un enfoque meticuloso. Esta búsqueda de identidad lo llevó años más tarde hacia el sur, al Alto Valle de Río Negro. Allí, en un terruño de clima fresco y único, fundó la Bodega Infinitus, logrando etiquetas distintivas que complementan la potencia mendocina con la elegancia patagónica.

Hoy, ese proyecto es un éxito consolidado gracias al trabajo conjunto con su esposa, Diane Joyaux Fabre. Mientras Hervé lidera con precisión cada etapa del proceso enológico para asegurar la calidad que la crítica internacional hoy premia, Diane encabeza la estrategia comercial y el posicionamiento en los más de veinte países donde la marca tiene presencia.

Con los resultados de Descorchados 2026 como testimonio, la identidad de Fabre Montmayou permanece intacta: una síntesis perfecta entre la tradición europea y el carácter indomable del terroir argentino que continúa conquistando a los paladares más exigentes.

Bajo el pulso de la noche

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Una nueva tendencia invita a redescubrir destinos globales bajo la luz de la luna: el noctourism. Cuatro refugios exclusivos alrededor del mundo transforman la oscuridad en una experiencia de lujo, desde la sabana africana hasta el corazón de París.

En un mundo que parece haber acelerado su rotación, la noche surge como el último refugio de la pausa. Ya no se trata solo de descansar para enfrentar la jornada siguiente, sino de habitar la oscuridad como un territorio nuevo. Desde 2025, el fenómeno del noctourism —el arte de explorar destinos después del crepúsculo— se consolidó como una filosofía de viaje que busca recuperar el misterio y el asombro allí donde la luz del día suele simplificar los paisajes.

Esta tendencia no es una moda pasajera, sino una invitación a agudizar los sentidos. Algunos destinos han sabido interpretar este cambio de paradigma, ofreciendo experiencias donde la penumbra no es ausencia, sino una presencia vibrante que transforma la naturaleza y la arquitectura urbana.

El teatro de la sabana en Mahali Mzuri

En la reserva privada de Olare Motorogi, en Kenia, la propiedad de Virgin Limited Edition redefine el concepto de safari. En Mahali Mzuri, la vida salvaje cobra una energía eléctrica cuando el sol se retira. Los safaris nocturnos permiten ser testigos de un ecosistema oculto: el acecho silencioso de los leopardos, la estrategia de las hienas y el vuelo espectral de los búhos. Bajo la guía de expertos masáis, que interpretan los sonidos de la tierra con una precisión ancestral, la noche se convierte en un relato vivo. Al regresar al lodge, las carpas elevadas ofrecen una platea preferencial hacia un cielo inabarcable, completando un ritual que solo la oscuridad puede autorizar.

Finch Hattons: el firmamento como legado

Siguiendo en territorio keniano, pero en el Parque Nacional Tsavo, Finch Hattons propone una mística diferente. Aquí la noche es un espacio de comunión y respeto. El hotel atenúa sus luces al mínimo para cederle el protagonismo absoluto al universo. La experiencia se centra en la observación estelar, pero lejos de la rigidez técnica: se entregan mapas del cielo y se comparten leyendas que han guiado a las caravanas durante siglos. Es un ejercicio de humildad frente a la inmensidad, donde el crujido de la sabana y el centelleo de las constelaciones demuestran que, a veces, el viaje más profundo se hace sin dar un solo paso.

La magia líquida de La Coralina Island House

En el Caribe panameño, Bocas del Toro ofrece un espectáculo que desafía la lógica diurna. La Coralina Island House, un enclave de bienestar integrado al manglar, invita a vivir el mar cuando nadie lo mira. Además de sus baños de luna y cenas plant-based a la luz de las velas, el hotel organiza expediciones para presenciar la bioluminiscencia. En el “Snorkel con Plancton”, los viajeros se sumergen en aguas que se iluminan con cada movimiento, transformando el océano en un espejo de estrellas líquidas. Es la naturaleza dejando de disimular para mostrar su faceta más fantástica.

París y la elegancia del paseo sin rumbo

Finalmente, el noctourism encuentra su versión más sofisticada en Le Narcisse Blanc. En la Ciudad Luz, existe una versión de París que solo se revela cuando el bullicio turístico se disipa. Inspirado en Cléo de Mérode, musa de la Belle Époque, este hotel invita a caminar por la ribera del Sena sin un mapa en la mano, buscando conciertos íntimos en sótanos olvidados o disfrutando de la quietud de un spa de mármol a medianoche. Es la propuesta de un lujo que no corre, que se permite una copa de vino frente a la ventana y que entiende que la mejor forma de conocer una ciudad es perdiéndose en sus reflejos nocturnos.

El noctourism redefine el lujo no por lo que se ve, sino por lo que se siente. En un mundo hiperconectado, la verdadera exclusividad hoy reside en el silencio, la sombra y la pausa.

Más información

Thayana Nunes

Email: thayana@madre.travel

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