La institución celebra un cuarto de siglo desde la apertura de su sede local, consolidando un proyecto educativo basado en la excelencia y el sentido de comunidad.
El 9 de marzo de 2001 marcó un hito en el desarrollo educativo de la zona con la apertura de la sede de Northlands en Nordelta. Aquel día no solo se inauguró un edificio, sino que se dio inicio a un capítulo fundamental en la extensa trayectoria de la institución, extendiendo su legado a una comunidad en pleno crecimiento.
Hoy, al cumplirse 25 años de aquel comienzo, el colegio atraviesa un presente de consolidación y celebración. El camino recorrido se refleja en un crecimiento sostenido que permitió integrar la tradición académica con las necesidades de un entorno dinámico. Durante este cuarto de siglo, se forjó una comunidad educativa sólida, unida por una visión compartida que trasciende las aulas.
El eje central de este proyecto continúa siendo la formación integral.
Bajo el emblemático lema Friendship & Service, la institución se enfoca en preparar a sus alumnos para enfrentar los desafíos globales con seguridad y una marcada conciencia social. A través de una educación que equilibra la excelencia académica con el desarrollo de la sensibilidad y los valores humanos, Northlands reafirma su compromiso de guiar a las nuevas generaciones hacia un futuro de compromiso y liderazgo responsable.
Con la llegada de la Universidad de San Andrés a Área Beta, la zona consolida su ecosistema educativo con una propuesta que fusiona excelencia académica y vida urbana.
A partir de marzo de 2026, la Universidad de San Andrés (UdeSA) se incorpora formalmente a Área Beta, un ambicioso proyecto arquitectónico y cultural diseñado para integrar la educación de alto nivel con el pulso del emprendedurismo y la vida urbana. Esta nueva sede no es solo un edificio de aulas, sino que representa un cambio de paradigma en la experiencia estudiantil.
Ubicada en los dos primeros pisos del edificio inaugural de Área Beta, la sede ofrecerá a los alumnos un entorno donde la naturaleza y la tecnología conviven. El complejo contará con espacios de esparcimiento, comercios y áreas de servicios, permitiendo que la vida académica fluya en sintonía con las necesidades cotidianas de los estudiantes.
Innovación y oferta académica
La propuesta educativa de UdeSA en Área Beta incluye más de diez carreras de grado, seleccionadas por su relevancia en el mercado actual y su enfoque en el futuro. Entre las opciones disponibles bajo esta modalidad se encuentran:
Ingeniería en inteligencia artificial, biotecnología y sustentabilidad.
Negocios digitales, finanzas y economía empresarial.
Diseño, comunicación y ciencias del comportamiento.
Administración de empresas y relaciones internacionales.
Desde la institución destacan que este modelo busca ir más allá de la simple transmisión de contenidos. El objetivo es inspirar a las nuevas generaciones a liderar cambios globales mediante el pensamiento crítico y el desafío de los paradigmas tradicionales.
Un modelo de cursada inteligente
Uno de los mayores atractivos de esta nueva sede es la modalidad de cursada mixta, diseñada para optimizar los tiempos de los estudiantes y facilitar una transición gradual a la vida universitaria.
Durante el primer año, los alumnos cursarán dos días en la sede de Nordelta y tres días en el histórico Campus Victoria, en San Fernando. Para el segundo año, y dependiendo de la carrera elegida, los estudiantes podrán mantener este formato híbrido o realizar la transición completa al Campus. Finalmente, a partir del tercer año, la actividad académica se concentra íntegramente en Victoria, permitiendo a los jóvenes integrarse plenamente a la comunidad global de la universidad.
El entorno Área Beta
El proyecto Área Beta contempla la construcción de cuatro edificios de diseño vanguardista. El primero de ellos, donde funcionará UdeSA, se destaca por ambientes que fomentan la creatividad y la cultura.
Asimismo, la Universidad continúa dictando sus clases en la sede provisoria de Acceso Benavídez. Sin embargo, la expectativa está puesta en el nuevo punto de encuentro de Nordelta, donde el acompañamiento de profesores de trayectoria y la infraestructura de última generación prometen potenciar cada etapa del recorrido académico en un entorno inigualable.
En un contexto de cambio en la educación superior, la Universidad Austral consolida su presencia en Nordelta con su espacio en Área Beta, una propuesta pensada para acercar la experiencia universitaria a la vida cotidiana y al mundo del trabajo.
Desde agosto de 2025, el lugar recibe a los futuros alumnos que comenzarán sus carreras en marzo de 2026. Allí ya realizan sus cursos de ingreso en un entorno que prioriza el aprendizaje activo y el desarrollo de habilidades desde el inicio del recorrido académico.
El Espacio Austral propone una forma distinta de vivir la universidad, combinando formación, interacción y proyección profesional en un mismo ámbito.
Formación en un entorno cercano
Durante el ciclo lectivo se dictan los cursos de ingreso de todas las carreras de grado, en áreas como salud, ingeniería, negocios, ciencias sociales, comunicación, derecho y diseño.
Medicina, Psicología, Ingeniería, Ciencia de Datos, Abogacía, Administración de Empresas, Negocios Digitales, Diseño, Comunicación y Relaciones Internacionales forman parte de esta etapa inicial, que reúne perfiles diversos en un mismo espacio.
El lugar cuenta además con salas de estudio individual y grupal, pensadas para acompañar la dinámica académica y facilitar el trabajo colaborativo.
Un punto de referencia en Nordelta
El espacio incorpora una agenda de actividades abierta a la comunidad. A lo largo del año se realizan jornadas de orientación vocacional, encuentros con colegios y charlas para familias, con el objetivo de acompañar el proceso de elección universitaria. De esta manera, se consolida como un punto de referencia educativo dentro de Nordelta, cercano a quienes comienzan a definir su futuro.
Vinculación con el mundo profesional
Área Beta también funciona como un ámbito de articulación con empresas y organizaciones. La Universidad impulsa encuentros, actividades y proyectos vinculados a tendencias profesionales, innovación y desarrollo.
Este enfoque permite conectar la formación académica con las demandas actuales y anticipar oportunidades en un contexto en permanente transformación.
Reconocimiento académico y proyección
Este desarrollo se apoya en el posicionamiento académico de la Universidad Austral a nivel internacional. En la edición 2026 del Times Higher Education World University Rankings, fue reconocida como la universidad número uno de la Argentina por segundo año consecutivo, en una de las evaluaciones más prestigiosas del mundo académico.
A su vez, el QS World University Rankings 2026 la ubica nuevamente como la universidad de gestión privada número uno del país en reputación con empleadores, destacando su capacidad para formar profesionales valorados por el mercado laboral. En el ranking por disciplinas (QS by Subject 2026), además, lidera entre las universidades privadas argentinas en la mayor cantidad de áreas evaluadas. Estos reconocimientos refuerzan una propuesta que busca combinar excelencia académica con cercanía, y que encuentra en Área Beta un nuevo espacio para desplegarse.
Una apuesta a largo plazo
Con este proyecto, la Universidad Austral reafirma su compromiso con una educación de excelencia, centrada en la persona y orientada al desarrollo profesional.
El Espacio Austral se proyecta así como una alternativa que integra estudio y proyección en un entorno cercano, acompañando a los estudiantes desde sus primeros pasos en la vida universitaria.
Proyectada en los años 80 bajo el lenguaje del arquitecto estadounidense Richard Meier, esta residencia recupera su esplendor gracias a una restauración integral que combina respeto histórico y tecnología.
En el paisaje consolidado del Highland Park Country, donde las arboledas añejas dictan el ritmo visual, existe una presencia que rompe con la tradición constructiva para imponer un lenguaje de pureza absoluta. Se trata de la “Casa Blanca”, una residencia que no es solo un hogar, sino un manifiesto arquitectónico que vuelve a brillar tras décadas de historia. Su reciente puesta en valor, a cargo del estudio Zona Zero, invita a reflexionar sobre la importancia de preservar el patrimonio moderno en las urbanizaciones privadas de Buenos Aires.
La génesis de esta obra es digna de una crónica de viaje. Corría el año 1984 cuando su propietario original, impulsado por una visión clara, viajó a Nueva York para sumergirse en el universo de uno de los máximos referentes del movimiento moderno: Richard Meier, el arquitecto y artista abstracto estadounidense, galardonado entre otros con el Premio Pritzker y la Medalla de oro de American Institute of Architects. Aquel encuentro con el equipo del reconocido profesional fue el germen de una residencia que adoptó sus líneas inconfundibles: la obsesión por el blanco, la retícula perfecta y el tratamiento de la luz como un material de construcción más. El proyecto se gestó ese mismo año, aunque la obra fue finalmente concluida en 1989 sobre el lote de 1.100 m² que ocupa actualmente.
La claridad como estandarte
Con 460 m² cubiertos, la casa se estructura bajo principios del racionalismo que hoy cobran nueva vigencia. La pureza geométrica organiza la fachada, donde planos blancos se intersectan creando un juego de sombras que muta con las horas. Esta relación con la luz no es accidental; es el eje que estructura la experiencia espacial. Grandes paños vidriados permiten que el entorno se filtre en cada ambiente, desdibujando los límites entre el jardín y el área social.
Sin embargo, el paso del tiempo demandaba una intervención profunda. El actual propietario confió al estudio Zona Zero la tarea de devolverle su precisión original. No se trataba de una reforma convencional, sino de un ejercicio de respeto donde cada decisión debía honrar el espíritu del proyecto original.
El proceso de puesta en valor
La intervención de Zona Zero fue integral. Uno de los mayores desafíos fue la recuperación de las superficies: se realizó un pulido y restauración de los pisos de madera natural, devolviéndoles la calidez que contrasta con el blanco imperante. Las fachadas recibieron un tratamiento de pintura técnica que recuperó la luminosidad característica del sello Meier.
La actualización también fue funcional. La arquitectura moderna, con sus grandes volúmenes de vidrio, requiere una gestión climática eficiente. Se llevó a cabo una renovación total de los sistemas de climatización junto a @cassaclima Daikin, integrando tecnología de punta que permanece invisible, permitiendo que la lógica espacial se mantenga intacta. Asimismo, se actualizaron aberturas y se realizaron trabajos de mantenimiento en toda la envolvente para asegurar su durabilidad.
La voz del experto
Para el arquitecto Francisco Jorge, titular de Zona Zero, el proyecto representó un equilibrio delicado entre técnica e intuición. Al respecto, señala: “Fue una gran responsabilidad para el estudio asumir el trabajo de restauración de una joya arquitectónica de estas características. Intervenir sobre una obra desarrollada con sello de Richard Meier, requiere no solo conocimiento técnico, sino también una profunda sensibilidad para comprender el espíritu del proyecto original. Nuestro objetivo fue poner en valor la casa respetando su esencia, evitando cualquier alteración que pudiera afectar la claridad y la lógica de la arquitectura”.
Un legado recuperado
Hoy, la “Casa Blanca” se presenta nuevamente como una pieza de colección. Su recuperación enriquece el tejido urbano de Highland Park, recordándonos que la buena arquitectura es aquella que sabe envejecer y que, sobre todo, merece ser rescatada. En un mundo de tendencias efímeras, esta residencia permanece como un recordatorio de que la proporción y la luz son valores universales que no conocen fecha de vencimiento.
En su 20º aniversario, Estilo Pilar presentó las tendencias que marcan la temporada, con un recorrido por espacios reales y coherentes que invitan a la pausa y el disfrute.
Estilo Pilar celebró un hito fundamental en su historia: su 20° edición. Lo que comenzó como un sueño de diseño y solidaridad se consolida como un evento que trasciende lo estético, integrando arquitectura, el paisajismo y las instalaciones artísticas con un firme propósito social. Este año, bajo el concepto Boutique, la muestra propuso un regreso a la esencia. Se trató de una edición homenaje que apostó por el diseño real, aquel que es coherente, sin excesos y que permite al visitante proyectar cada rincón en su propia cotidianidad.
Las tendencias de este aniversario reflejaron una convivencia armoniosa de estilos: desde la nostalgia retro y el minimalismo japonés hasta expresiones maximalistas con fuerte impronta artesanal. En cuanto a la materialidad, el recorrido anticipó una temporada marcada por paletas neutras interrumpidas por acentos de color, donde la madera, el mármol y la piedra reafirman la vigencia de los materiales nobles en el hogar moderno. Compartimos tres propuestas destacadas que capturan el espíritu de esta edición:
Gustavo Aguilar – Deco Castelar
Bajo la mirada de Aguilar, la cocina deja de ser un espacio de servicio para convertirse en el pulso vital de la casa. Su propuesta integra el área de cocción con el comedor diario y un sector de relax, pensando específicamente en el ritmo de vida de una pareja profesional contemporánea. La mesa no es un simple accesorio, sino el punto de gravedad que ordena el ambiente. Con una selección de materiales contundentes, el espacio utiliza el Petiribí para aportar calidez y el Dekton para garantizar resistencia. El resultado es un territorio íntimo y honesto, donde el diseño acompaña el uso real sin fragilidades, ideal para bajar el ritmo y disfrutar de un buen vino o una charla pausada.
Luz Capaldi – Azucena Estudio
En su debut con un proyecto integral de interiorismo, Capaldi presentó “Refugio en la intimidad”, una suite principal diseñada como un ecosistema de goce y resguardo. La propuesta se remonta a las raíces del estudio en el campo, trasladando esa sinergia orgánica al escenario de Estilo Pilar. El eje central fue el protagonismo de la materia a través de un cuidado mix de texturas y piezas de edición limitada, de origen local. Este espacio trasciende la función de descanso para transformarse en un ámbito de permanencia, donde cada objeto cuenta una historia y reafirma el compromiso con la producción genuina y la belleza de lo natural.
Colli Estudio
La propuesta de este estudio para la cocina–comedor diario es una verdadera experiencia sensorial que se construye a partir de la luz, los aromas y las texturas. El proyecto se organiza en dos sectores que dialogan por contraste: “la cueva” y “el cielo”. El primero es un ámbito de fuegos y maderas oscuras que genera una atmósfera contenida y densa; el segundo se presenta como un entorno liviano y luminoso, donde una isla suspendida e inmersa en hierbas aromáticas se convierte en la pieza protagónica. Es una invitación a una lectura pausada del espacio, donde las transiciones y los contrastes construyen un paisaje interior vibrante y lleno de vida.
Pablo Matera se prepara para jugar su cuarto mundial de rugby con la camiseta del seleccionado. El histórico tercera línea repasa aquí su trayectoria y habla sobre su vida en Japón con su familia. A los 32 años, no le tiene miedo a los desafíos y siempre va por más.
En el año 2007, el seleccionado argentino de rugby popularizó este deporte como nunca antes en nuestro país. Agustín Pichot, Juani Hernández, los hermanos Contepomi y compañía estaban en boca de todos. Porque ese año, en Francia, fue la primera vez que Los Pumas alcanzaron las semifinales de una Copa del Mundo, y, tras vencer dos veces al anfitrión, terminaron terceros. Fue una auténtica revolución. Chicos y grandes que nunca en su vida habían tocado una pelota ovalada comenzaron a familiarizarse con palabras como try, ingoal, forwards y scrum. Los últimos partidos tuvieron un rating altísimo, inimaginado.
Pablo Matera era en ese momento un adolescente de 14 años, una edad en la que los chicos que aspiran a jugar en primera ya acumulan muchas temporadas en las categorías infantiles y se fanatizan con las hazañas de sus ídolos. Él, sin embargo, apenas vio un par de partidos de aquel torneo, más por contagio de sus amigos que por interés propio. Es más: Pablo ni siquiera jugaba al rugby. Dos mundiales después, ya era una figura destacada de Los Pumas. “En mi familia nadie había jugado, no se hablaba de rugby… a mí me gustaba el fútbol”, recuerda hoy desde Japón, donde desde hace cuatro años sobresale en la franquicia Honda Heat.
Un trotamundos
Así como decidió convertirse en deportista profesional a una edad muy temprana, Pablo encaró joven la aventura de armar una familia propia. A los 26 fue papá y hoy ya tiene tres hijos, todos varones. “D´artagnan ya tiene seis, Akira tres y Kai llegó en enero de este año. El mayor nació en Francia, vivió su primer año allá. Después nos fuimos un año a Nueva Zelanda y llevamos cuatro acá, pero la temporada de rugby es corta y nos permite estar varios meses en Argentina. En Japón vivo con mi familia en una zona un poco alejada del centro, donde pocos hablan inglés, es todo muy japonés, bien tradicional. Pero en casa obviamente hablamos en español”.
Le pusieron nombres locales a cada uno…
Sí, empezó con Darta y nos pareció divertido, así que lo mantuvimos con Akira y cuando llegó el tercero tuvimos que salir a buscar otro nombre en japonés que nos gustara.
–Pablo, hoy sos el jugador con más partidos jugados en la historia de Los Pumas, pero vayamos hacia atrás, a tus comienzos. Te fuiste muy chico a Europa, ¿cómo fue eso?
–Tenía rugby en el colegio, pero no jugaba en un club. Mis amigos me llevaron a Alumni cuando estaba por cumplir 15 años. Yo sabía que era bueno, pero me gustaba el fútbol. Creo que seguí porque me salió el instinto competitivo, las ganas de demostrar que podía jugar en la A de mi división y ser realmente un buen jugador. Vi que tenía mucho espacio para crecer, me tenía fe, y eso me atrajo mucho. Después, aproveché a fondo cada oportunidad que tuve; no fueron muchas, pero las que tuve no las dejé pasar.
–¿Cuándo empezaste a pensar que podías dedicarte profesionalmente al rugby?
–Cuando yo tenía 17 me convocaron para el seleccionado de la URBA y para el Pladar, que era un programa de entrenamiento de la UAR, y por primera vez contrataron a 10 jugadores, que eran cinco o seis años más grandes que yo. Ahí vi que estos chicos cobraban un sueldo, y pensé que yo podía ser uno de esos y vivir del rugby. Un tiempo después me dieron una beca deportiva, y así me di cuenta que ya era un rugbier profesional.
–¿En tu familia qué decían sobre eso? Porque seguramente su expectativa era que siguieras una carrera universitaria…
–A mi viejo nunca le gustó el rugby, de hecho, me acuerdo que me dijo que no quería que yo jugara. Apenas terminé el colegio empecé a estudiar Derecho en la UBA, hice el CBC en 2012, pero en 2013 debuté en Los Pumas y al final de ese año ya estaba viviendo en Inglaterra… En la primera de Alumni estuve apenas un año, solamente tres partidos jugué. Fue todo muy rápido. Y en algunos momentos muy duro también, no entendía nada.
–Debutaste en Los Pumas a los 19 años, en un puesto que tiene mucho roce físico, y contra los equipos más fuertes del mundo, ¿qué recordás de esos tiempos?
–Yo creo que hoy a un chico en esa misma situación no lo hacen debutar. A mí primero me llevaron al Seven, que se usaba para foguear jugadores, y yo pesaba 93 kilos, algo que no tiene sentido para un tercera línea. Cuando llegué a Los Pumas arañaba los 99, mi primer partido fue contra Sudáfrica, que tenía un tercera línea de 127 kilos… Y, más allá del peso, yo nunca había jugado en ese nivel, una locura fue, pero a mí no me importaba nada, tenía la inconsciencia de un chico de 19 años y no quería dejar pasar la oportunidad.
–Ibas al frente como loco y si te tenías que romper… te rompías.
–Completamente. Ese año jugué de titular los seis partidos del Rugby Championship y los tres de noviembre, algo muy atípico, y más para un jugador de mi posición. Y en 2014, en el primer partido de Los Pumas, me rompí el hombro, tuve nueve meses de recuperación. Después de eso me estabilicé toda mi carrera entre 108 y 110, no paso de eso.
–Hoy sos el hombre récord de Los Pumas, nadie jugó más partidos que vos con su camiseta, ¿cómo fuiste viviendo estos 13 años?
–Creo que fui creciendo de la mano de jugar en Los Pumas, tuve la oportunidad de estar y peleé mucho para seguir estando. Cuando llegué me ayudaron los chicos que tenían 15 años de rugby profesional, con los que compartía todo, 24/7. Absorbí cada detalle, Los Pumas fueron mi universidad, y eso te hace crecer muy rápido. Hoy soy de los más grandes y me siento representado en los chicos nuevos que se suman, trato de acercarme a ellos.
–¿Hasta cuándo tenés pensado jugar?
–Mi objetivo es el mundial 2027, hoy no me veo en Los Pumas más allá de eso, y a futuro tampoco me veo en otro lugar que en el de jugador, me cuesta pensarme como entrenador.
–¿Cómo están Los Pumas?
–Muy bien, tuvimos un gran 2025, desde que estoy yo fue el año que más jugadores debutaron, y eso nos da una base más amplia, hay 40 jugadores que pueden ponerse la camiseta y entrar a la cancha, es algo muy bueno.
–¿Cómo se vive la competencia en ese marco?
–Hay que saber separar las cosas. Es real que todos nos morimos de ganas de ponernos esta camiseta, y cuando se entrena es a cara de perro, se sabe que estamos compitiendo, pero siempre con buena intención.
–¿Se puede llegar a aquel tercer puesto de 2007?
–Yo creo que sí. De hecho, en dos de los tres mundiales que yo jugué llegamos a las semifinales. Con menos que eso te vas con un sabor amargo directamente. Tenemos que saber ganar esos partidos.
–¿El desafío es volver a ser de bronce entonces?
–Por supuesto que eso fue histórico, pero ya fuimos de bronce, podemos ir por más.
–¿No es una locura pensar en una final?
–No. Y en esto hablo por mí: Los Pumas tienen que jugar una final para dar un paso más, tienen esa responsabilidad.
The Wellness Proyect
Hace un tiempo, dos conocidos de su colegio se acercaron a Pablo Matera para proponerle asociarse para lanzar una línea de suplementos dietarios. “Al principio no estaba muy convencido. Yo consumo este tipo de productos, pero únicamente importados, porque en Argentina no están bien regulados y es un tema muy delicado. Pero los que hoy son mis socios tenían la misma preocupación, la misma obsesión por las certificaciones de calidad y salud, y fuimos por ese lado”.
Recientemente lanzaron la marca, que se llama The Wellness Proyect. “Tenemos tres suplementos, que los llamamos ´los esenciales´: vitamina C, omega 3 y magnesio bisglicinato, que no son necesariamente para el deporte, sirven para cualquier persona. Son productos de altísima calidad, con todas las certificaciones internacionales, fabricados en Argentina con proveedores de diferentes partes del mundo. El objetivo es consolidar la marca y lanzar otros suplementos próximamente”. Están a la venta en la página web de la marca, en Mercado Libre y dietéticas seleccionadas.
Ecce Terra, la experiencia audiovisual que une plástica, tecnología satelital y música para reflexionar sobre el cuidado de nuestra “casa común”.
La histórica Manzana de las Luces se transformó en el escenario de una experiencia sensorial única, con la inauguración de Ecce Terra, la pieza de videoarte que logra lo que pocos proyectos consiguen: unir un himno del año 1.225 con la tecnología digital del siglo XXI. La obra toma como punto de partida la Pasión de Cristo, el célebre “Cántico de las criaturas” de San Francisco de Asís y la Encíclica Laudato Sí del Papa Francisco, proponiendo una meditación profunda sobre el vínculo humano con la naturaleza. Devolverle a la Tierra su divinidad.
La potencia de la colaboración
Lo que destaca a Ecce Terra es la amalgama de lenguajes. No se trata solo de una proyección, sino de la convergencia de tres trayectorias de peso. El artista plástico Marcelo Salvioli aporta su mirada estructural y arquitectónica, resucitando formas fragmentadas para darles un nuevo propósito. Salvioli, reconocido director de arte de producciones como Nueve Reinas y El Jardín de Bronce, traslada su capacidad narrativa visual a este formato inmersivo.
Por su parte, Santiago Espeche introduce una “neofiguración” innovadora. Su técnica consiste en la intervención de manchas, en este caso, imágenes satelitales, una práctica que ya llevó a salas de Roma, París y Nueva York, y que aquí sirve para dimensionar la Tierra desde una perspectiva global y artística. El cierre perfecto de este triángulo creativo lo pone Pablo de la Reta, cuya composición sonora original envuelve al espectador, guiando la emoción de la pieza audiovisual a través de una ambientación diseñada específicamente para este relato. Con la participación especial de la cantante lírica Carolina Cremonte Bressan y del reconocido actor y cantante Iván Espeche.
Del lienzo a la pantalla
La exhibición propone un recorrido integral. El visitante no solo se encuentra con la pieza de videoarte en loop, sino que también puede acceder a dos salas donde se exhiben las trece obras plásticas originales que sirvieron de base para la animación. Es, en esencia, un detrás de escena del proceso creativo que permite apreciar el trazo manual antes de su transformación digital.
Ecce Terra se presenta como una invitación a la pausa y a la charla comunitaria, dentro del marco patrimonial de uno de los sitios más emblemáticos de Buenos Aires. En tiempos de vértigo, esta muestra ofrece un espacio de quietud estética y espiritual para repensar nuestra responsabilidad sobre la creación.
Ecce Tierra
Visitas: Manzana de las Luces (Perú 222, CABA), de miércoles a domingos, de 12 a 19 h.
Los indicadores de riesgo que manifiestan cuando el ejercicio se transforma en una conducta poco saludable. La importancia del equilibrio y los controles médicos preventivos.
El concepto de ultra deportista se refiere a una persona que practica actividad física de manera extrema o de muy alta exigencia, tanto en intensidad como en duración. No es simplemente alguien activo, sino alguien que lleva el entrenamiento a niveles avanzados o incluso de resistencia extrema.
La motivación principal es mejorar rendimiento, marcas o competir. El entrenamiento está planificado y tiene descansos que se deben cumplir para el mejor desempeño físico.
Planificación y nutrición
La alimentación es estratégica. La nutrición es parte del entrenamiento para cumplir los objetivos. Entre los beneficios podemos destacar:
Gran capacidad cardiovascular.
Disciplina y resiliencia mental, autocontrol.
Mayor tolerancia al estrés y autoeficacia elevada.
Mejor composición corporal.
También recomiendo estar atento a estos posibles riesgos:
Lesiones por sobrecarga.
Síndrome de sobre entrenamiento, dependencia del ejercicio.
Estrés físico y hormonal.
Problemas articulares a largo plazo.
Auto exigencia desproporcionada.
Dificultad para tolerar errores.
Trastornos alimentarios.
El equilibrio es clave
No todas las personas necesitan entrenar como ultra deportistas para estar saludables. Es posible entrenar resistencia sin llegar a extremos.
Estos son algunos indicadores que manifiestan que el ejercicio se está transformando en poco saludable o adictivo:
Hacer ejercicio a diario o varias veces al día, sin días de descanso.
Negarse a dejar de hacer ejercicio a pesar de lesiones o cansancio extremo.
Priorizar el ejercicio por encima de las relaciones sociales o las responsabilidades diarias.
Como siempre sugiero realizar los controles médicos periódicamente y contar con el asesoramiento de un nutricionista especializado en deportes de alto rendimiento.
Lejos de las modas, el artista argentino Sebastián Masegosa presenta “El arte no sirve para nada”, una obra que combina narrativa y artes visuales para incomodar al espectador.
En un ecosistema artístico a menudo saturado por el ruido de las “neo-tendencias” y la urgencia de lo conceptual, Sebastián Masegosa (Buenos Aires, 1974) elige un camino de resistencia silenciosa. Su obra no busca el aplauso fácil de la moda, sino que trabaja desde la tradición moderna para tensarla y llevarla al límite.
Para Masegosa, el arte funciona como un refugio: un espacio para ensanchar el universo propio y, de paso, ampliar la conciencia de quien se detiene a mirar. Con una trayectoria que recorre ferias y galerías en ciudades como Taiwán, Londres, París, Nueva York y Hong Kong, el artista consolidó una técnica precisa que luego utiliza para desarmar sus propios límites. Lejos de acomodarse en su destreza, la pone en crisis. No teme a la ironía ni a la burla de sus procesos, una actitud que se manifiesta en su proyecto más reciente y provocador.
Una afirmación incómoda
“El arte no sirve para nada” es el título de su nuevo libro, una frase que suena a declaración de guerra, pero que, en realidad, funciona como una forma de liberarse de aquello en lo que el arte fue convertido. Masegosa sostiene que, durante siglos, justificamos su existencia vinculándola a la belleza, la política, la verdad o la espiritualidad, transformándolo en una herramienta utilitaria y obligándolo a “servir”.
Sin embargo, el artista afirma que el arte es anterior a cualquier sistema que intente ordenarlo. No tiene por qué educar, salvar al mundo ni responder a una lógica funcional. Su valor reside, precisamente, en esa persistencia inútil que escapa a las explicaciones racionales.
Un libro que es una trampa
La estructura de su nuevo libro es tan atípica como su premisa. No se trata de un catálogo ni de un libro de cuentos tradicional, sino de un híbrido donde conviven textos reflexivos, relatos y obra visual en tensión constante. En él, las palabras no explican la obra ni las imágenes ilustran las palabras: cada elemento mantiene su autonomía, obligando al lector a construir su propia experiencia.
“Esto no es un libro, es una trampa”, advierte el autor. Esa advertencia es la clave de acceso: Masegosa no pretende transmitir un mensaje cerrado, sino generar una situación. Al separar el hecho artístico del mercado y del discurso académico, el libro deja la definición de “arte” en suspenso.
Tal vez el problema, como sugiere Masegosa, no sea que el arte carezca de utilidad, sino que lo cargamos con propósitos que nunca le pertenecieron. En esta obra, el artista invita a soltar esas pretensiones y volver a lo esencial: el encuentro directo con la creación.
Una expedición que desafía los límites del mountain bike entre géiseres, salares blancos y el misticismo del norte chileno.
El desierto de Atacama no se deja conocer fácilmente; exige presencia, ritmo y, sobre todo, una conexión directa con su geografía indómita. En esta expedición de mountain bike proyectada para 2026, la propuesta trasciende el simple recorrido turístico para convertirse en una inmersión profunda en la naturaleza más extrema del continente. El viaje comienza con el aterrizaje en Calama, tras una escala en Santiago, para luego adentrarse en la mística de San Pedro de Atacama, el oasis que servirá de hogar durante cuatro noches.
El despertar de los sentidos
La aventura inicia con el ritual de la puesta a punto. Cerca de las cinco de la tarde, cuando el sol comienza a ceder su fuerza, el grupo prepara las bicicletas, ajustando cada detalle para lo que vendrá. Esa primera noche en el Hotel Cumbres es el preludio perfecto: una cena bajo el cielo estrellado y el descanso necesario antes de enfrentar la inmensidad.
La segunda jornada es un despliegue de contrastes visuales. Pedalear hacia el Salar de Atacama implica sumergirse en un mundo de blancura absoluta. El itinerario invita a sentir la ingravidez en la Laguna Cejar, donde el agua salada sostiene el cuerpo en un abrazo líquido, para luego contemplar la elegancia de los flamencos en la Laguna Chaxa. Es un día de descubrimiento, donde cada kilómetro revela una nueva faceta de la Cordillera de Sal.
Flotar por ingravidez en la Laguna Céjar. Túnel de Catarpe.
El murmullo de la tierra
A medida que avanzan los días, el terreno se vuelve más desafiante y fascinante. La ruta se interna en la Garganta del Diablo, un laberinto de formaciones rocosas que parecen talladas por manos gigantes. El sendero conduce hacia el túnel de Catarpe, una cicatriz en la montaña que atraviesa el Valle de la Luna, permitiendo a los ciclistas sentir el pulso de una geografía que cambia con cada sombra del atardecer.
El hito máximo de la travesía requiere un despertar temprano, a las 5:30 de la mañana, para alcanzar los Géiseres del Tatio a 4.323 metros sobre el nivel del mar. Ver el amanecer entre columnas de vapor que emergen del centro de la tierra es una experiencia que roza lo espiritual. Tras el espectáculo geotérmico, comienza un descenso vibrante de 30 kilómetros por paisajes altiplánicos hasta las Termas de Puritama. Allí, a 3.580 metros de altura, las aguas cálidas ofrecen una pausa reparadora, casi mágica, antes de regresar al oasis de San Pedro.
Valle de la Luna. Ojos del salar.
Adrenalina en la arena
Para el cierre, el Valle de la Muerte espera con sus cañadones y dunas monumentales. Aquí, la bicicleta se combina con el sandboard, desafiando la gravedad en las pendientes de arena fina de la Cordillera de la Sal. Es el último gran esfuerzo físico antes de partir hacia Calama para volar de regreso a Santiago.
La escala final en el AC Hotel by Marriott de la capital chilena permite una transición suave de regreso a la civilización. Con una mañana libre para recorrer Santiago y un almuerzo de despedida, el grupo se prepara para el vuelo final hacia Buenos Aires.
En las retinas queda grabada la luz del desierto; en los músculos, la memoria de un terreno único; y en el espíritu, la certeza de haber pedaleado por uno de los rincones más bellos del planeta.