“El golf es uno de los deportes que más te enseña para la vida”

Mateo Fernández de Oliveira, el joven golfista argentino, cerró a lo grande su etapa universitaria y comienza a codearse entre las figuras del circuito profesional.

En uno de sus ratos libres en medio del paso del PGA Tour por Canadá, Mateo Fernández de Oliveira atiende el teléfono. El golfista sanisidrense, a sus veintitrés años, está iniciando su vida en el circuito profesional, luego de haber cerrado su etapa universitaria alcanzando un triunfo que buscó durante años: el título en el Latin American Amateur Championship, disputado este año en Los Ángeles.

—Es un torneo que siempre tuve entre ceja y ceja. Lo quise ganar desde la primera vez que lo jugué. Cada año me enseñó y aprendí un poquito más. El año pasado me quedé corto por un golpe. Es una gran oportunidad para los amateurs latinos, nos cambia la vida. Haberlo hecho en mi último año de la universidad y en mis últimos meses como amateur fue la frutilla del postre para cerrar una etapa de mi vida que disfruté mucho.

—Te dió la posibilidad de participar de algunos Majors: el Masters de Augusta, los abiertos Británico y de Estados Unidos…

—Sí, me di el gusto de poder competir contra los mejores del mundo justo antes de hacerme profesional. Creo que fue algo extremadamente valioso para mi preparación, para llegar al nivel donde quiero estar el día de mañana.

—¿Cómo te sentiste en estos torneos grandes?

—Bien. Los que están ahí juegan semana a semana torneos de esa forma y se codean todo el tiempo con los mejores. Yo, jugándolo como amateur, tenía expectativas de jugar bien y que se den los resultados. Eso me creaba ansiedad, y a la hora de competir no es lo ideal. Igualmente, me abrió un montón los ojos la experiencia, fue algo que me enseñó. Ahora que estoy 

arrancando mi carrera como pro me dio el empujón y motivación extra que se necesitan para querer volver a estar ahí. 

—El golf es una herencia familar, ¿no? 

—Sí, ni hablar. Mi viejo fue el primero que nos dio, a mi hermano y a mí, que tenemos un año y medio de diferencia, hierritos para que jugáramos en el patio. Después jugué mucho con mi abuelo. Salía del colegio y me iba al club con él a jugar juntos nueve hoyos. La pasábamos muy bien. 

—¿Qué fue lo que más te enganchó? 

—Un poco de todo. Tuvo mucho que ver la competencia. A todos nos gusta ganar y a mí se me dio que en los torneos de menores me iba muy bien. Había una progresión en mi juego. Después, siendo más grande, al crecer y cambiar de categorías, el golf pasó a ser un lugar donde competir y representar a Argentina. Los torneos se ponían cada vez más divertidos y exigentes. Todo el combo fue atrapándome. Mi hermano, en cambio, con el tiempo prefirió irse a jugar al fútbol. 

—¿A vos no te atraían los deportes de equipo? 

—Tuve mucha suerte, porque arrancamos en un grupo de chicos del Náutico todos juntos. Me hice muy cercano a ellos y en ningún momento sentí que me quedaba solo. Sí me pasó que sentí que vivía dos vidas diferentes, una en el colegio y otra en el golf. Era un colegio solo de varones, y todo el tiempo estábamos hablando de fútbol y viendo qué macana podíamos hacer para divertirnos. En el mundo del golf, en cambio, me relacionaba con gente más grande y me comportaba de otra manera, aprendía cosas diferentes. 

—¿Te sentías más maduro? 

—Sí, creo que el golf es uno de los deportes que más te enseña para la vida. No es sólo aprender a pegarle a la pelota y darle cada vez mejor. Es aprender que no siempre le vas a pegar bien a la pelota, que probablemente eso no sea ni un 10% de lo que rindas esa semana, sino que se trata de mantenerse positivo, paciente, aceptando los errores. Los valores que te da y te enseña el golf son extremadamente útiles para la vida. 

Ese nivel de madurez y compromiso lo llevaron a tomar decisiones poniendo al golf en primer plano desde la adolescencia. Dejó el colegio y comenzó a estudiar a distancia; luego eligió irse a la Universidad de Arkansas, Estados Unidos, para moverse en el ambiente del golf universitario de aquel país, mucho más competitivo. Por ello, entre otras cosas, fue bronce en los Juegos Suramericanos y en los Juegos Olímpicos de la Juventud, y ahora ingresa a paso firme al mundo profesional. 

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